Seúl es uno de los lugares más exóticos en el planeta. Es único entre las ciudades Asiáticas. La capital de Corea del Sur es una mezcla de industrialización saludable, celo religioso irlandés, y valores tradicionales del confucionismo, terminando con un amor ruso por todas las cosas misteriosas y fuertes. Su particular ubicación geográfica fue parcialmente la responsable del moldeamiento del fuerte carácter coreano. Con Rusia y China ubicándose en sus márgenes Norte y Occidental, los mega-gigantes japoneses a su Oeste, y una pequeña Corea al centro; la gente de la tierra de la Calma Matinal tuvo muy pocas opciones. Se trataba de hacerse fuertes o desaparecer. Yo ejemplifico la fortaleza del carácter coreano con la zona de inmigración del aeropuerto. Los soldados de la República de Corea (RDC) que administran los cubículos de inmigración timbrando pasaportes me probaron verbalmente antes de permitirme entrar. Luego d esta experiencia tomé un taxi a mi hotel, situado en una de las más escénicas áreas de la capital surcoreana.
Algo de historia
Corea tiene una larga historia. Cada vez que su historia es relatada casi siempre comienza con Tan´gun, el místico fundador del país. De acuerdo al mito, Hwanung, el hijo del Creador Divino, llegó a la tierra con 3000 seguidores y se proclamó rey y gobernante del universo en el año 2333 a.C. y se supone que reinó hasta el año 1122 a.C. Las más antiguas pistas de historia coreana estuvieron alrededor del 4270 a.C. durante la era Neolítica. A través de ese período de tiempo hasta hace muy poco, la historia coreana fue interrumpida por numerosas guerras, invasiones, y más guerras, pero a través de todos estos episodios la orgullosa gente de esta península desarrolló una literatura de calidad mundial; arte, cultura y varias dinastías reinaron. Aunque la historia es únicamente dividida entre la más democrática del sur y la comunista del norte, los valientes coreanos continúan asombrando al mundo por la resistencia de una orgullosa y trabajadora gente.
Cocina casera
El nuevo Hotel Najia es probablemente el más americano de los hoteles de Seúl. Después de un sólido sueño nocturno, me levanté a la hora de costumbre—temprano. Era mi primer día entero en Seúl y quise comenzarlo bien. El desayuno fue una gran sorpresa ¡el menú tenía una enorme variedad coreana y americana! Sémola, tocino, jamón, panqueques, huevos lo que quisieras, tostadas, leche, café, te, y una gran variedad de jugos de frutas— ¡TODO! estaba todo bueno. Igual que en casa. No lo creía hasta que lo probé. ¡Fue fantástico! Incluso mejor que muchos de los mas reconocidos restaurantes de mi ciudad. Durante mis días libres comí como un rey coreano. Tomé un desayuno “americano” pero el resto de las comidas fue estrictamente coreano y a precios muy razonables.
Apreciando la personalidad coreana
Después de mi suntuoso desayuno decidí “bajarlo caminando” por el vecindario (ah! ¿a quién estaba intentando engañar?). Mi amiga, una joven coreana, planificó todo mi itinerario. Seleccionó el hotel Nuevo Naija dado su proximidad a la miríada de centros culturales y artísticos en Seúl. Mientras me detenía en el semáforo esperando que cambie la luz, noté que casi todos, a excepción mía, vestían trajes. Los hombres vestían de traje y corbata. Las mujeres vestían vestido, tacos y abrigos. Todos parecían llevar un portafolio. Mientras caminaba me daba cuenta de que la gente en este lugar es muy formal; y transitan una ciudad limpia—las calles estaban limpias con escasamente una colilla de cigarrillo a la vista. No había graffitis en las construcciones, y nadie cruzaba imprudentemente. No existían las carreras entre conductores; los automovilistas ocupaban sus carriles en forma ordenada. Los “poderes fácticos” conducen esta ciudad por “los números.” Los coreanos son unas personas muy conservadoras y se espera que se comporten apropiadamente en todo momento. Encontré que son ásperos si te desvías del comportamiento esperado, te lo mencionarán y no en términos muy agradables, créeme. La gente coreana es amistosa, con un buen comportamiento, pero no mucha paciencia. Si les preguntas direcciones o alguna cosa estarán más que dispuestos a ayudarte, solo no hagas la misma pregunta nuevamente después que te hayan explicado minuciosamente la primera vez.
En comparación a las muchas ciudades americanas, Seúl es un lugar relativamente seguro. En Chicago tenemos un amigo coreano, nativo de Seúl. Una vez le pregunté, “¿Tiene tu ciudad serios problemas con pandillas juveniles como acá en Chicago y muchas de las ciudades americanas?” Sin esperar un segundo respondió “Corea no tiene pandillas. Si hacen problemas los mandamos muuuuy lejos—y no los ves más”.
Qué hay para ver
La caminata a través de las calles de Seúl es muy pintoresca. Las antiguas construcciones de estilo coreano son tributos a una elegante época pasada. Caminé cerca de las escuelas estatales observando a los niños jugar durante el recreo y noté que actúan tan libremente como los niños de nuestras ciudades, (soy un profesor veterano con 30 años de experiencia en una escuela pública). Tomé fotos del arco que conmemora la independencia inicial de Corea. La piscina pública llena de nadadores me recordó el Parque de Chicago (las piscinas al aire libre del distrito que están disponibles para el público en el verano). Caminé por el mundo subterráneo de tiendas y restaurantes cerca de las estaciones del metro, hasta el vecindario que es el “alma” del lugar, donde los altoparlantes tocan a todo volumen música R & B y donde se pueden obtener por casi nada trajes de alta calidad. ¡Compré un traje tropical blanco para estar a la altura de la ocasión!
Seúl es una ciudad de restaurantes, tiendas y mercados de todo tamaño y variedad que venden una amplia diversidad de alimentos, productos deshidratados, medicinas nativas, y todo lo que puedas imaginar, con todo a la venta. El espíritu emprendedor está bien vivo en Seúl. Uno de los inconvenientes de ser criado en el Medio Oeste Americano es que el terreno es plano... plano por muchas millas en cualquier dirección. No es el caso de Seúl; que es una ciudad construida en las montañas.
De acuerdo a las últimas encuestas del 2006, Chicago es una de las ciudades americanas “más rápidas”. Yo represento muy bien nuestra ciudad y tengo gran dificultad para respirar tras pasar una y otra colina en una ciudad donde la mayoría de la gente es delgada, se ejercita a diario, y come mayormente vegetales y pescados. Seúl se encuentra en o cerca del mismo paralelo de Chicago, así que no podría usar al mal tiempo como una excusa para mi excesivamente sedentario estilo de vida. Ambas ciudades tienen básicamente el mismo clima, pero los coreanos hacen cosas para evitar el exceso de grasa. Sin excusas. Cuando llegó el atardecer todavía estaba lleno desde el gran desayuno al estilo de Chicago que tuve temprano. Solo continué mi caminata sacando más fotografías.
Un encuentro personal
Soy un ex-fumador—de cigarros y pipas. Cuando partía de una tienda de recuerdos de la religión Budista, (no soy Budista pero un conocido mío quería una estatuilla de Buda y un rosario) fui casi abordado por un joven monje, con un atuendo gris que salía de la tienda al mismo tiempo. Traté de evitar respetuosamente a este clérigo de cabeza rapada, pero el hombre comenzó a sacudir su toga gris diciendo en un inglés perfecto, “¡Apestas! ¡Apestas! ¿¡No sabes que fumar te va a matar!? ¿Cuál es tu problema?”
En mi ciudad esto no hubiese ocurrido a menos que el sujeto tuviese un arma consigo. Los coreanos dicen lo que piensan. Después de ver películas acerca de cómo los sacerdotes de ese lado del mundo animan a los seguidores del kung fu a pelear, y permanecer en un país extranjero, no me encontraba en posición de discutir con el hombre; si mi recuerdo no me falla, solamente le pregunté cual era su problema. A medida que se resolvió, este hombre que tenía cerca de mi edad me invitó a sentarme cerca de él en unas sillas de afuera. Me dio una larga cátedra acerca de por qué debía tomar seriamente la buena salud. Durante su sermón descubrí que el era “pastor” de dos templos; uno en Seúl y el otro en Honolulu, Hawaii, que era la razón del por qué hablaba sin errores el inglés “cotidiano”. Hablamos por un largo tiempo e intercambiamos direcciones y nos prometimos escribirnos una vez que yo regresara a Estados Unidos. Mantuve mi promesa pero no volví a escuchar de él nuevamente. Era un hombre agradable y le prometí cuidar más mi salud. Un año después de nuestro “oportuno” encuentro dejé de fumar y bajé más de 100 libras (45 kilos). La ayuda del sacerdote estuvo pagada. Igual que muchos asiáticos, los coreanos en su conjunto raramente tienen una sola creencia. Es usual para ellos tomar y elegir varios elementos del Budismo, Confucionismo, y las dos ramas principales del Cristianismo (Catolicismo y Protestantismo), aunque el Islam y el Taoísmo también tienen una gran cantidad de seguidores en Seúl. Siendo católico recorrí, esta vez en taxi, la Catedral Myeong-dong de Seúl, un lugar histórico de la ciudad. Su construcción se completó en el año 1898 con el estilo de arquitectura Gótico Occidental.
Como Chicago, Seúl es mayormente diócesis católica (arquidiócesis) con su propio cardenal arzobispo, así que me sentí como en casa.












