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La corrupción en el sistema de salud chino

La difícil tarea de las enfermeras para sobrevivir a un sistema denigrante


Por Dr. Robert A. Burns - Especial para La Gran Época
23.08.2007 15:08


Doctores y enfermeras examinan a los niños que sufren de labio leporino en el Hospital Xian Jingxi. (Fotos de China/Imágenes de Getty)

Durante un tiempo, casi al término de mi contrato, mi trabajo fue elevar el nivel de inglés de un grupo de enfermeras chinas, aparentemente para prepararlas adecuadamente para la universidad en Australia; donde comenzarían un curso de validación del título de enfermería, uno de los tantos precarios pasos en el camino de convertirse en enfermeras registradas en Australia. El grupo de enfermeras a las que enseñé durante ocho semanas consistía de veinticuatro estudiantes. Todas, excepto una, lograron ingresar a Australia para comenzar su curso en una universidad importante.

Como necesitaba que usaran su inglés, utilicé temas sobre los que ellas conocían algo y sobre los que tenían interés, tales como discusiones sobre la situación del trabajo para las enfermeras en China y varios ensayos que escribieron sobre cuestiones en el sistema de salud chino. Sabía que era improbable que alguna vez tuviera acceso personalmente a las situaciones internas de los hospitales en China y pensaba también que era improbable que los medios chinos me proveyeran de mucha más información, así que estaba muy interesado en escuchar y aprender lo que ellas tuvieran para decir. Fue gracias a estas interacciones que me di cuenta de cuán complicado e inadecuado es el sistema de salud chino, una comprensión que me impulsó, antes de escribir este artículo, a realizar una investigación adicional y reflejarla en otras discusiones.

La corrupción en China es una de tantas cosas que llegaron a ser rápidamente evidentes para mí sobre la cultura. Mientras aún estaba en el país, hablé con mucha gente sobre esto, quienes decían consistentemente que era muy común en casi cualquier área que pueda imaginarse. Sorprendentemente, incluso las noticias de TV parecían validar esta aseveración con informes regulares de funcionarios y gente de negocios en varias posiciones de poder, atrapados luego de aceptar importantes sobornos por algún trámite fraudulento o por lavado de dinero de una forma u otra.

En este contexto, no es sorprendente para cualquiera familiarizado con todo esto, que el sistema médico no sea la excepción. Una de las indiscutidas declaraciones hechas por las enfermeras era que los doctores reciben continuamente dinero de forma ilegal de sus pacientes, lo que aumenta sustancialmente sus ya relativamente altos sueldos. Así los pacientes que pueden permitirse esto esperan recibir un tratamiento mejor u obtener un turno evitando la lista de espera, recibiendo tratamiento más pronto del que obtendrían siguiendo el procedimiento normal.

Las enfermeras saben que esto sucede, los pacientes que pagan evidentemente saben que sucede, mucha gente dice que todos saben que sucede, y como los funcionarios del gobierno a veces son ellos mismos los pacientes y se puede suponer que tienen amigos y conocidos que son personal médico o pacientes de vez en cuando, probablemente se pueda suponer con seguridad, que el conocimiento de este fenómeno está también extendido en el gobierno. A pesar del perfil relativamente alto de este fenómeno, hasta donde las enfermeras conocen, éste continúa sin impedimentos.

Interesantemente, afirmaron que mientras los doctores ganan dinero extra por sus servicios; las enfermeras, sin ninguna recompensa monetaria adicional, tienen que proporcionar o asistir en la prestación de estos tratamientos adicionales o especiales, aun sabiendo cómo es la situación. Igualmente inquietante es la tendencia de los médicos a prescribir medicamentos por los cuales reciben una mayor recompensa económica, según afirman las enfermeras. Esta tendencia es atribuida a las relaciones especiales con las compañías de dichas drogas. Son recetados sin importar la eficacia y la aplicabilidad de los medicamentos o el innecesario costo agregado para el paciente.

No es sorprendente que sean las enfermeras quienes deban algunas veces administrar estos medicamentos, completamente concientes de la situación pero sin poder decirles nada a los pacientes, a sus supervisores o informarlo a alguien más por la necesidad de proteger sus trabajos, debido al omnipresente problema de la posible corrupción y complicidad de aquellos en altas esferas. Por lo tanto, simplemente guardan silencio y hacen su trabajo.

Como en otras áreas, los contratos de enfermería contienen penas por infracciones que, a pesar de ser comprensibles en algunos aspectos, son notorias por poner a los empleados en una posición vulnerable. En el caso de las enfermeras chinas, ellas sufren la amenaza de tener que pagar o perder miles de yuanes sólo por dejar su trabajo, una cantidad que podría ser equivalente al sueldo de uno o más meses, a veces mucho más: conozco a una enfermera que tuvo que pagar 20.000 yuanes (2.637,13 dólares) para dejar su trabajo, el sueldo equivalente a casi seis meses. A las enfermeras también se les puede requerir pagar un depósito antes de comenzar el trabajo. En un hospital éste alcanzaba los 3.000 yuanes (395,57 dólares), cercano a un mes de salario y si el contrato se rompe antes de tiempo sin dar aviso con un mes de anticipación, perderán el depósito. Independientemente de esto, si recibieron educación especial y entrenamiento del hospital, lo que sucede a menudo, tendrán que pagar la matrícula del curso al romper el contrato. La pena de la rescisión también puede aplicarse si la administración del hospital decide despedir a una enfermera por cualquier motivo.

A pesar de que estos aspectos estén estipulados en los contratos y de que los empleados estén, con suerte, enterados de ellos cuando firman, los problemas pueden presentarse cuando la situación en el lugar de trabajo empeora. Esto es lo que afirman las enfermeras que sienten que deben ser muy cuidadosas en la manera de tratar a los demás en el lugar de trabajo, debido a que el poder de aquellos en altas posiciones influye o determina el destino de aquellos por debajo. Parte de esto incluye la necesidad de ser sumisas a las peticiones de sus superiores y de los doctores con los que trabajan, incluso con atenciones indeseadas, algunas de las cuales serían comúnmente catalogadas como acoso sexual.

Para conservar sus trabajos deben trabajar cuando les dicen con poca o ninguna negociación. Consecuentemente, muchas trabajan horas extras sin paga adicional. En algunos casos necesitan trabajar muchas horas extra casi incesantemente, sin ninguna esperanza de descanso y una vez más, no hay lugar donde pedir asistencia. Esto conduce a tener mucha tensión, problemas físicos y desgaste.

Su vulnerabilidad también esta relacionada al hecho de que deben informar sobre incidentes médicos tales como pinchazos con agujas. A las enfermeras se les requiere formalmente informar sobre cualquier incidente, pero hay poco beneficio o incentivo para que lo hagan, pues les harán tomar semanas de licencia, a veces sin paga, para esperar por los resultados de las pruebas que determinen si se infectaron o no. Si se infectaron, podrían no continuar trabajando, pero en los casos en los cuales pierden el ingreso por ese periodo, puede que no sean capaces o no deseen enfrentar esta situación.

El problema que genera un sistema como éste es que estadísticamente siempre habrá quienes puedan moverse por él con relativo éxito y facilidad, pero habrá también quienes se conviertan en blanco de otros y sufran incontables sucesos desafortunados. En cualquier lugar del mundo, el funcionamiento de este sistema descansa en que la gente con poder y en responsabilidad sea buena y honesta, y esto, en un ambiente sin control y visiblemente corrupto, no es algo que se pueda suponer sensatamente.

Sumado a la tensión de los doctores y enfermeras existe la amenaza constante del abuso físico, que supone un gran peso mental. Ellas afirman que los pacientes y las familias, ocasionalmente las atacan, y cuando les hablan agresivamente, la posibilidad de que la situación se torne violenta causa comprensiblemente una angustia considerable. También, se afirma que muy a menudo no hay personal de seguridad adecuado (cuando existe) en los hospitales.

Algunas enfermeras dijeron que en sus hospitales, donde el personal sufre diariamente de abuso físico, se contacta con la comisaría local cuando se necesita ayuda, la cual envía oficiales. Pero antes de que lleguen, las enfermeras y demás personal del hospital tienen que ocuparse de la situación por sí mismos. La posibilidad de que un incidente se salga de control antes de que los refuerzos adecuados y entrenados lleguen es evidente en tales situaciones.

Además, la falta de seguridad en los hospitales continúa a pesar del conocimiento por parte de la administración del hospital de la frecuente ocurrencia de abuso físico. Es interesante el hecho de que la sugerida causa de tales amenazas y ataques sea que los pacientes y las familias crean de que los doctores y las enfermeras no hacen todo lo que pueden para ayudar al paciente en cuestión. Un factor importante que se considera que pudo haber creado esta situación es el aumento de los costos médicos en las últimas décadas y el correspondiente aumento del nivel de vida.

Quizás con perspicacia, las enfermeras afirman que el índice de ataques se correlaciona positivamente con estos cambios, debido a la creciente sensación de privilegio y expectativa que puede fácilmente suponerse que se adquiere al tener más poder económico en esta China en desarrollo. Esto puede actuar en combinación con la presión que tales costosos tratamientos médicos suponen sobre los recursos económicos y sobre las emociones de las familias. El razonamiento es que ellos pagan tanto por el tratamiento médico que se enojan si el paciente no recupera su salud lo suficientemente rápido, al grado deseado o previsto, o si no se recupera en absoluto. Esta clase de pensamiento trata a los servicios médicos como un producto a ser comprado y entregado sin excepción y por lo tanto la falta de entrega no se tolera.

Tal circunstancia se hace posible por la relativa ignorancia sobre las complejidades de los procedimientos médicos y sobre las probabilidades y los riesgos asociados a los muchos tipos de tratamiento que están disponibles actualmente. Es una cuestión del conocimiento público con la cual necesita luchar el personal médico constantemente en todos lados, pero que es quizás más severo en China donde el nivel de educación es bastante bajo y la población es tan numerosa que hace que las campañas de educación que apuntan a elevar el nivel de conocimiento general de la población sea más difícil de alcanzar y sostener.

Además de estas frustraciones, ellas afirman que a muchas enfermeras se les pide realizar trabajos de contabilidad y trabajos menores tales como limpieza; roles que evidentemente divergen de su tarea, y no aprovechan su conocimiento y habilidades científicas y clínicas. Éstas tareas resienten aun más la proporción de enfermeras disponibles en el marco clínico, la proporción de enfermeras por cama en hospitales, y por persona en la población general, la cual es ya relativamente baja a niveles internacionales y que se sabe que tiene resultados nefastos para los pacientes. Las enfermeras sugieren que las administraciones de los hospitales carecen de buena voluntad o de fondos para emplear un número apropiado de enfermeras y demás personal para el correcto funcionamiento del hospital.

Sin embargo, en un aparente intento de mejorar esta situación, cuando se presenta una necesidad, emplean frecuentemente trabajadores temporales poco cualificados y más baratos como “sustitutos” para satisfacer parte de las funciones auxiliares de las enfermeras.

Otro asunto es que, las administraciones de los hospitales prefieren emplear doctores en vez de enfermeras, porque se cree que los doctores traerán dinero a los hospitales, mientras exista la demanda, porque son capaces de traer su carga propia de pacientes. Se sugiere que esta preferencia llega hasta el punto de crear una ineficaz proporción entre doctores y enfermeras, que se traslada a una pobre proporción de enfermeras para los pacientes. Esta cuestión de personal médico junto con la aseveración de que existen muchas enfermeras desempleadas, nos permite encuadrar mejor la declarada escasez de enfermeras en el país. Quizás no sorprenda que en tal contexto, parte de la escasez del oficio de enfermera se relacione no solo con el número de enfermeras disponibles para el trabajo, sino también con una predisposición para optimizar el ingreso monetario y las preferencias asociadas al limitado capital.

Sumadas a estas cuestiones profesionales y sistémicas y a las fuertes experiencias de las enfermeras, está la percepción de ser consideradas de un nivel más bajo, no sólo en los hospitales, sino también en la sociedad en general. Ellas dan a entender que en los hospitales se hace particularmente evidente al interactuar con los pacientes y sus familiares quienes las tratan con poco respeto, a pesar de su significativa contribución al tratamiento de muchos pacientes, que contrasta con los, a menudo, distantes y ausentes doctores durante el tiempo que un paciente permanece en el hospital.

Con perspectivas como éstas, ¿es de extrañar que muchas enfermeras deseen salir de China y estén haciéndolo en grandes cantidades?

La magnitud de las diferencias que se perciben entre los ambientes de enfermería en China y en otros del exterior, reales o imaginadas, y la imposibilidad de tratar los problemas en el propio sistema de salud les da a las enfermeras el impulso de buscar mejores condiciones en otra parte, lo cual empeora evidentemente la escasez de enfermeras en el país. No obstante, la pregunta es si ellas podrán mejorar social y profesionalmente en otra parte, y si así es cuánto de esto podrán lograr.