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El elíxir de la vida

El maestro taoísta Hojas de Ciprés: una historia de determinación y fuerza de voluntad


Adaptado por Alejandra y Alberto Peralta
26.08.2007 07:20


Alrededor del año 150 vivió en la antigua capital de China Chang'an, un hombre llamado Tian Luan. Durante generaciones los miembros de su familia siempre ocuparon puestos oficiales muy importantes y sus padres ya eran muy ricos cuando él nació. Sin embargo, por desgracia, seis de sus hermanos murieron a temprana edad, ninguno pasó los treinta años. Cuando Tian llegó a los 25, su madre temió mucho por su salud, preocupándose de que corriera la misma suerte que sus demás hijos. Tian también tenía mucho miedo.

Cierto día, alguien le contó al joven que algunos taoístas poseían algunas habilidades sobrenaturales que les permitían no envejecer ni morir hasta después de un tiempo muy, muy largo. Con un corazón sincero y decidido a prolongar su vida, Tian viajó a la montaña Hua. Preguntando y buscando a maestros taoístas, un día llegó a un lugar alejado a decenas de kilómetros del pie de la montaña, donde encontró a un sacerdote taoísta. Tian Luan se acercó emocionado y lo saludó con respeto; contándole sobre su peculiar situación le preguntó sobre los secretos de una vida larga. El sacerdote señaló un árbol de ciprés y dijo, “¡Éste es un elixir! No necesitas buscar más en ningún otro lugar. Sólo pregúntate a ti mismo muy profundamente cuán fuerte es tu voluntad”.

Tian Luan le preguntó cómo debía utilizar este elixir. “Sin importar qué, mantente tomando hojas de ciprés sin interrupción y finalmente lograrás prolongar tu vida”. Al volver a casa, Tian secó al sol las hojas de ciprés, las molió hasta hacerlas polvo y las tomó. Él consideró muy seriamente las palabras del taoísta y, con la simple mentalidad de mejorarse, fortaleció su determinación. Gradualmente comenzó a comer menos y menos carne, pescado o cualquier otra comida y después de sesenta o setenta días, aunque no sentía ningún efecto especial más que una leve agitación y calor en el cuerpo, igualmente continuó comiendo el polvo sin cesar.

Dos años más tarde, comenzó a padecer fuertes dolores de cabeza y fiebre, y le aparecieron llagas por todo el cuerpo. Con lágrimas en los ojos, su madre decía, “Al principio el objetivo de estas hojas era prolongar su vida pero ahora la están poniendo en peligro”. Sin embargo, Tian Luan, manteniendo en mente las palabras del sacerdote, no se daba por vencido. Pasaron más de siete años y su fiebre era cada vez más seria, con una fuerte y extraña sensación de incineración que impedía que alguien se acercara a él. La gente a su alrededor podía percibir el olor a hojas de ciprés emanando de su cuerpo y sus llagas comenzaban a ulcerarse, una especie de líquido amarillo fluía de ellas con una textura parecida al pegamento después de secarse. Su madre creyó que él moriría como sus hermanos.

Súbitamente un día Tian Luan dijo, “Hoy me siento mucho mejor, quiero tomar un baño” y pidió que le preparasen una gran tina de agua en su cuarto. Después de haberse enfermado, él rara vez pudo conciliar el sueño, pero luego de que le llevaron la tina y lo metieron dentro, empezó a sentirse somnoliento. En ese momento, pidió que lo dejaran solo en el cuarto, cerraran la puerta y no hicieran ningún ruido que pudiera despertarlo. Finalmente se quedó dormido en la bañera y tres días más tarde despertó. Llamó a su familia para que lo ayudasen a levantarse y todos quedaron muy sorprendidos. Sus llagas habían desaparecido y su piel había quedado limpia y clara. Sus cejas y barba se volvieron negras y brillantes con una tonalidad verde. Tian se sentía con un gran espíritu y además descubrió que su vista y oído estaban perfectos.

“Tuve un sueño mientras dormía -contó Tian-, unos sacerdotes taoístas que llevaban banderas y estandartes me condujeron hasta Shangqing (el Cielo taoísta), donde vi a todos los seres celestiales de la antigüedad. Todos se decían el uno al otro, ‘ha venido el maestro taoísta Hojas de Ciprés’. Ellos me enseñaron distintas habilidades especiales, esculpieron mi nombre con caracteres de oro en un bloque de jade, y lo almacenaron en los cielos de Shangqing. Luego me dijeron, ‘Por el momento tienes que quedarte en el mundo humano para continuar mejorándote. Te traeremos aquí más adelante cuando haya una vacante’. Más tarde me trajeron de vuelta”.

Después de ese día, Tian Luan nunca volvió a comer, pero tampoco tenía hambre. Se fue a vivir a un monasterio taoísta en la ciudad de Songyang y durante el período de Zhengyuan (años 254-256) todavía lucía muy joven aun después de haber alcanzado la edad de 123 años. Una tarde, cuando conversaba con otros monjes, murió de repente sin una causa aparente. En ese momento su cara permanecía rozagante con un semblante muy tranquilo; se percibía un olor extraordinariamente dulce alrededor de su cuarto y se escuchaba una leve música que venía del Cielo.

Seguramente comer hojas de ciprés en sí mismo no funciona para prolongar la vida, fue su fuerte voluntad y deseo de mejorarse lo que le hizo alcanzar su meta. Si podemos fortalecernos y nunca rendirnos en nuestra determinación de mejorarnos a nosotros mismos, nuestra voluntad permanecerá sólida y seremos capaces de sortear cualquier obstáculo en nuestra vida.