“Los juguetes de navidad todavía estaban sobre el piso de la sala. Comencé a ver de donde eran las cosas, y me empecé a dar cuenta de que la mayoría de ellas eran hechas en China”, dijo Sara Bongiorni, en el lanzamiento de su libro Un año sin el “Made in China”: La verdadera aventura de una familia real en la economía global, el pasado 26 de julio.
“Luego de mirar alrededor del cuarto, me di cuenta que ese es el caso para la mayoría de las cosas en nuestra casa, me llegó la interesante idea de ver que sucedía si pudiéramos pasar todo un año sin comprar nada hecho en China, y ver si era posible”.
Inspirada por la curiosidad, Bongiorni convenció a su esposo Kevin que un boicot de un año a los productos hechos en China sería un experimento interesante. Ella y su familia comenzaron la prueba el 1 de enero del 2005, acordando no comprar nada hecho en China hasta el día de año nuevo del 2006.
“La primera cosa con la que nos encontramos fue el comprar unos zapatos nuevos para nuestro hijo. Él sólo tenía un par de zapatos en ese momento, así que pensé que ya era hora de comprarle unos nuevos”, dijo Bongiorni. Luego de semanas de chequear etiquetas sin tener éxito, finalmente Bongiorni pudo encontrar un par de zapatos para su hijo hechos en Italia.
Con ella y su familia como los personajes principales del libro, Bongiorni cuenta con gracia su lucha diaria para comprar solamente bienes que no fueran hechos en China, convirtiendo algunas veces actividades simples, tales como comprar una máquina de café o decoraciones de los días festivos en búsquedas interminables. Sus múltiples problemas para mantener a su esposo, a quien llamaba “el más débil”, de traer a escondidas productos chinos y lidiar con su hijo de 4 años cuando se da cuenta de que la mayoría de los juguetes son hechos en China, junto con tener que tratar con parientes y tiendas al por menor, le permitió a Bongiorni proveer una visión de la economía global desde el punto de vista de una familia estadounidense común.
Finalmente hubo algunas excepciones al boicot, tales como regalos de otras personas. Bongiorni dijo que la mayoría de sus amigos trataban de evitar productos hechos en china cuando les hacian regalos a ella y a su familia. Una excepción que recordó riéndose fue la bolsa de dormir roja que su madre compró para su hijo, usó un marcador para cambiar la etiqueta de “Hecho en China” a “Hecho en Chile”.
A pesar de las dificultades, Bongiorni dijo que el experimento le ahorró dinero a su familia.
“La razón era que había tantas cosas que no podíamos comprar, así que teníamos que mantener nuestro dinero en nuestra cartera. Una cosa que sucedió también fue que reflexionábamos más sobre la forma en que gastábamos nuestro dinero”.
Luego de descubrir que algunos productos simplemente no son hechos fuera de China, Bongiorni prometió llevar a sus dos hijos a la tienda cuando el boicot terminara el 1 de enero del 2006, y permitirles comprar tres cosas cualquiera que quieran de la tienda, sin chequear las etiquetas. Ellos compraron un par de libros y un peluche. “Mantuve la promesa, pero tengo que decir que mas tarde ese día, sí observé las etiquetas. Era realmente un hábito en ese momento”, dijo Bongiorni.
Luego de recibir la primera copia de su libro, Bongiorni recordó que la primera cosa que hizo fue chequear donde fue impreso. “Estaba aliviada al ver que fue impreso en Estados Unidos. Déjame decirte que no soy lo suficientemente astuta como para conseguir una respuesta si hubiera sido impreso en China”, concluyó bromeando la autora.









