Noticias de todo el mundo. Primicias exclusivas de China. Política y cultura. La Gran Época - uniendo Oriente y Occidente
Compartir

El anciano y el bondadoso señor Wang

La persona menos pensada puede darnos una verdadera lección


Adaptado por Alejandra y Alberto Peralta - La Gran Época
21.07.2007 14:52


Esta es una antigua historia china de un hombre de muy buen corazón, siempre bien predispuesto a ayudar a los demás y un devoto cultivador budista. Todo el mundo lo conocía como el “bondadoso señor Wang”.

Un día, el bondadoso señor Wang fue a un monasterio budista a averiguar cuándo lograría la perfección espiritual. De un atado sacó un palito de adivinación y un monje le dijo, “Debes presentarle tus respetos al Buda diariamente quemando incienso. Cuando acumules nueve sacos grandes de cenizas de incienso, llévalos al Oeste y ofrécelos al Buda viviente. Allí, definitivamente alcanzarás la perfección”.

Luego de regresar a su casa, el bondadoso señor Wang siguió las palabras del monje y quemó incienso sinceramente ante la estatua de Buda cada día. Después de unos pocos años, cuando logró acumular los nueve sacos de cenizas, compró un burro y acomodó la mayor cantidad de sacos sobre su lomo, el resto de los bultos los cargó sobre su espalda y tranquilamente emprendió su viaje hacia el Oeste.

Al final del primer día de larga caminata el bondadoso señor Wang estaba sediento y cansado; como estaba oscureciendo se apresuró a buscar un lugar para pasar la noche. En ese momento, en el camino apareció súbitamente un hombre anciano que lo increpó: “¿De dónde viene? ¿A dónde va? ¿Cuál es su nombre? ¿Por qué tanto el burro como usted cargan sacos tan pesados?”

Cuando el bondadoso señor Wang respondió todas sus preguntas, el anciano dijo “Excelente, estamos viajando en la misma dirección. Debemos tener una relación predestinada. Odio imponerme, pero me preguntaba, ¿podría usted ser tan amable de hacerme un favor? He caminado todo el día y ya no puedo seguir. ¿Puede llevarme en el lomo de su burro?” El bondadoso señor Wang dudó por un minuto pero pensó “Se acumula virtud al hacer buenas acciones. ¿Cómo no ayudar a un anciano exhausto?” Entonces sacó la mitad de los sacos del lomo del burro haciendo un espacio para el anciano y acarreó las cenizas en su propia espalda; el anciano subió al burro y los dos continuaron juntos el viaje.

Una vez en el lomo del burro, el anciano parecía sentirse mejor y nuevamente le preguntó al bondadoso señor Wang, “Ah, ¿Dónde dijo que iba? Debo estar viejo y senil. ¡No puedo recordar nada!” Pacientemente el bondadoso señor Wang le respondió al anciano “Voy al Oeste a presentar mis respetos al Buda viviente y a demostrarle la sinceridad de mi cultivación en el budismo”. El anciano dijo, “Oh, ahora entiendo”.

Más tarde encontraron alojamiento y el bondadoso señor Wang comenzó a pensar para sí mismo, “Ahora que el burro lleva al anciano en su lomo, caminará mucho más lento y se cansará más. ¿Cuándo lograré reunirme con el Buda? Esto no funcionará. Debo levantarme y salir temprano sin el anciano. Debo deshacerme de esa carga”.

El bondadoso señor Wang partió silenciosamente al amanecer con su burro. Al llegar a la salida del pueblo, vio al anciano esperándolo al costado del camino. “¡Hey, bondadoso señor Wang! ¿Qué le sucede? Pensé que era un hombre bondadoso. Estamos predestinados a viajar juntos. ¿Cómo puede usted abandonar a su compañero de viaje y partir sin siquiera decir adiós? Afortunadamente me levanté temprano y lo alcancé a tiempo. Venga, venga. ¡Déjeme viajar en el lomo de su burro!” El bondadoso señor Wang, al no poder rehusarse, no tuvo otra alternativa que sacar nuevamente la mitad de las cenizas del burro y cargarlas otra vez en su espalda.

En el camino, el anciano preguntó una vez más, “¡Bien! ¡Soy un tipo tan anciano! ¡Olvido todo! Recuerdo haberle preguntado lo mismo ayer, pero hoy olvidé completamente su respuesta. ¿Por qué está usted yendo al Oeste?” Al bondadoso señor Wang se le comenzaba a terminar la paciencia y respondió brevemente “A visitar al Buda”. Después de un rato, el anciano preguntó nuevamente, “Oh, recuerdo que usted es el bondadoso señor Wang, pero no puedo recordar por qué está yendo al Oeste. ¿Podría molestarlo para que me lo diga de nuevo?” La rabia comenzó a nacer en el bondadoso señor Wang, pero decidió que no debía perder la paciencia con un anciano tan entusiasta, por lo que reprimió su furia y respondió una vez más la pregunta.

Así caminaron desde el amanecer hasta el atardecer, y el anciano debe haberle hecho la misma pregunta unas mil veces al bondadoso señor Wang. Al final de la jornada estaba listo para explotar, pero finalmente pudo aguantar la compañía del anciano todo el día. Encontraron alojamiento, comieron y se acostaron. El bondadoso señor Wang pensó. “¡Esta vez debo levantarme y partir más temprano para deshacerme de este viejo que sólo me da problemas!” Alimentó al burro con pasto y agua, esperó casi hasta la medianoche y se marchó solo en la oscuridad con su burro y la gran carga de sacos de cenizas.

Pero una gran sorpresa lo esperaba a las afueras del pueblo. “¡Bondadoso señor Wang! ¡Bondadoso señor Wang! Te dicen el bondadoso señor Wang, pero ¿por qué no haces cosas bondadosas? Estamos viajando juntos hacia el Oeste. Soy un anciano que casi no puede caminar. ¿Por qué abandonas tu conciencia y partes sin decirme nada? Sales cada día más temprano. ¿Cómo tienes el corazón para abandonarme?”

En silencio, el bondadoso señor Wang no pudo más que reprimir su ira y sacó la mitad de las cenizas del lomo del burro para hacer espacio otra vez para el anciano. En sólo minutos, el anciano preguntó nuevamente “Bondadoso señor Wang, usted ha estado viajando día y noche. ¿A dónde va? ¿Por qué va tan apurado?” Al oír la misma pregunta una vez más, finalmente el bondadoso señor Wang explotó. “¡Anciano! ¡No tiene idea de cuánto he sufrido por usted! ¡¿No aprecia lo que he hecho por usted?! ¡Me hace la misma pregunta una y otra vez! ¡Usted no está cansado de hacer la misma pregunta, pero yo estoy exhausto de repetir siempre la misma respuesta!” Entonces fuera de sí, dijo algo realmente feo, “¡¿Acaso un perro le comió la conciencia?!”

El anciano bajó del lomo del burro con mucha agilidad y señalando con su dedo al bondadoso señor Wang, declaró “Regresa a casa. No necesitas ir al Oeste. El Buda viviente no aceptará un cultivador tan ‘bondadoso’ que practica la ‘benevolencia’ de esta manera”. Al decir estas palabras, el anciano levitó y se esfumó desapareciendo en el cielo hacia el Oeste.

En ese instante el bondadoso señor Wang se dio cuenta de que ¡ese anciano era el Buda viviente! Se desplomó en el suelo y comenzó a golpearse porque entendió que el punto no estaba en quemar incienso atado tras atado, sino en cumplir con acciones, día a día, el estándar cada vez más alto de altruismo y tolerancia que el Buda exige al cultivador.

El señor Wang realmente estaba profundamente arrepentido de haber perdido su oportunidad predestinada de alcanzar la perfección, pero ya era demasiado tarde. Las oportunidades que determinan nuestras vidas pueden aparecer de la manera menos pensada.