Con sus manos atadas detrás de su espalda, el Sr. Liu Yonglai, de 36 años de edad, yace desnudo y temblando en el piso. El olor a carne quemada inundaba el aire.
Después de sumergir el cuerpo de Liu en agua helada para intensificar la corriente eléctrica, muchos guardias del campo de trabajo forzado le aplicaron descargas en todo su cuerpo con picanas de 36.000 voltios, apuntando a las partes sensibles del como la boca, el cuello, el ano y los genitales.
En el pasillo, otras víctimas yacen gimiendo o vomitando por torturas similares. Del otro lado del campo, la Sra. Fu Shuying de 60 años, la Sra. Chen Hui, de 27 años, y la Sra. Sun Yan, de 30, están atadas en la posición de tortura llamada “águila extendida”, mientras los torturadores repetidamente empujan largas barras dentro de sus vaginas, causándoles severas inflamaciones y hemorragias. Otras mujeres sufren torturas similares con cepillos de pelo y de zapatos. Este es el campo de trabajos forzados de Dalian en China, uno de los cientos donde los policías y guardias chinos cumplen las órdenes de las más altas autoridades del Partido Comunista de usar “cualquier método que sea necesario” para coercer a los practicantes de Falun Gong, una práctica tradicional de meditación china, para que renuncien a su fe y juren lealtad a la línea del Partido.
Para el Sr. Liu, la Sra. Fu e incontables otros, si sobreviven a sus “re-educaciones”, no habrá justicia bajo el sistema judicial chino. De hecho, para muchos de los 100 millones de personas que practican Falun Gong en China, el sistema judicial es uno de varios órganos del Estado usados para llevar a cabo esta persecución que ahora comienza su noveno año y que muchos abogados de derechos humanos califican como genocidio.
Hoy, 20 de julio, a ocho años del comienzo oficial de la persecución a los practicantes de Falun Dafa por parte del régimen chino, aquello que se convirtió en el genocidio más masivo -y podría decirse el más atroz- de la actualidad, se despliega sin restricciones en medio del silencio de gobiernos y medios de comunicación extranjeros.
Un claro ejemplo de la falta de información sobre el tema en Argentina, es el extenso informe sobre China presentado por el diario Clarín el pasado sábado 14 de julio. En las 21 páginas dedicadas, no hay ni una mención sobre este genocidio, una circunstancia de una magnitud difícil de describir y cuya revelación masiva y conclusión dejará una marca imborrable en la historia próxima de la humanidad.
La persecución a los practicantes de Falun Dafa, condenada por organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, entre otras importantes instituciones, tiene como víctimas directas a aproximadamente cien millones de personas adherentes a esta disciplina espiritual en China.
Falun Dafa es una disciplina de auto mejoramiento físico y espiritual de origen chino, que incluye un juego de cuatro ejercicios en posición parada, una meditación sentada y enseñanzas de conducta en base a los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. En 1999, un censo oficial mostró que más de setenta millones de personas de todos los ámbitos –desde maestros y amas de casa hasta altos funcionarios y militares- lo practicaban. Las cifras habían confirmado en sólo siete años de difusión, los practicantes de una disciplina pacífica que se practicaba libremente y sin un control del régimen, superaban en número a los propios miembros del Partido Comunista. Este hecho fue suficiente para que un sector del régimen dictatorial considerara a Falun Dafa como una amenaza.
Fue poco después, el 20 de julio de 1999, cuando el entonces dictador Jiang Zeming dio la orden de “erradicar Falun Gong”, orden que posteriormente complementó con tres premisas, “Difamar su reputación, arruinarlos financieramente y destruir los cuerpos”. En ese momento, la máquina de propaganda del PCCh inundó los medios de comunicación con mentiras que incriminaban a Falun Gong, de manera de generar odio y rechazo en la opinión pública hacia esta disciplina, jactándose incluso de que el PCCh “resolvería completamente el problema de Falun Gong en tres meses”.
Cruda realidad
Según denuncia la organización Falun Dafa Human Rights Working Group (FDHRWG) desde el 20 de julio de 1999, “a los practicantes de Falun Gong los obligaron a renunciar a sus creencias o los despidieron de sus trabajos, los expulsaron de sus escuelas, les cancelaron sus licencias comerciales, los echaron de sus casas y privaron de sus jubilaciones”.
Pero aquello es sólo el aspecto más suave, pues quienes se rehusaron a ceder ante la presión política y social fueron encarcelados, sometidos a lavado de cerebro, torturados y asesinados. “Millones y millones de practicantes de Falun Gong, desde niños a mujeres embarazadas y ancianos, han sido detenidos y abusados; miles han sido torturados a muerte, con incontables otros todavía desaparecidos”, afirma la organización de derechos humanos.
Si esto no ha sido suficiente para conmover a la comunidad internacional, el Parlamento Europeo se ha encargado de exponer la realidad aún más crudamente, al declarar en una resolución aprobada en 2006 que “...se muestra preocupado por las informaciones según las cuales a seguidores del movimiento Falun Gong detenidos se les han extraído quirúrgicamente órganos que luego han sido vendidos a hospitales”. Lamentablemente, tales alegatos han sido confirmados por una investigación independiente conducida quien fue Secretario de Estado de Canadá para Asia-Pacífico hasta 2003 y por un importante abogado de derechos humanos (ver “Cosecha Sangrienta” ).
Al mismo tiempo de la violenta persecución, el régimen también lanzó una campaña de desinformación de largo alcance para demonizar a Falun Gong, incitando el odio y ejerciendo presión sobre los practicantes de Falun Gong. “La máquina de propaganda del PCCh inundó las imprentas y las transmisiones de radio y TV con las mentiras más viles, diciendo que Falun Gong predicaba el día del Juicio Final y alentaba el suicidio, que el régimen trataba a los practicantes de Falun Gong ‘como una madre a sus hijos’, y que había ganado ‘victorias decisivas y transformado con éxito al 98% de los practicantes de Falun Gong’. A comienzos de 2001, el régimen incluso montó una autoinmolación de cinco personas en la Plaza Tiananmen y, así como Nerón culpó a los cristianos por el gran incendio de Roma, el PCCh culpó a Falun Gong por la inmolación. La poderosa propaganda envenenó a muchas personas para que odien a Falun Gong y participen en la persecución.
Oposición pacífica
Frente a la extrema injusticia, la atroz tortura y la matanza, los practicantes de Falun Gong permanecieron completamente pacíficos.
Las pocas imágenes que se han podido registrar, así como los relatos de víctimas y testigos, dan cuenta de cómo los adherentes a Falun Dafa permanecen pacíficos frente a las golpizas policiales y cuando la policía incita a otros prisioneros para que los torturen. Ellos ejemplifican las enseñanzas de Falun Gong de que los practicantes “no devuelven el golpe al ser golpeados, ni devuelven el insulto al ser insultados”. Existen hasta relatos de cómo las actitudes tolerantes y moralmente rectas de las víctimas han conmovido a los perseguidores, incluyendo a los torturadores. Y además, tampoco se han quedado quietos: por todo el mundo se han movido para dar a conocer estas atrocidades y despertar la conciencia de la gente.
Así, lo que parecía un ataque desigual, se convirtió en una lucha épica de paz vs. violencia, verdad vs. mentira, y conciencia vs. maldad. Aproximadamente tres años después del comienzo de la persecución, al no poder doblegar a los perseguidos, la máquina de propaganda del PCCh tuvo que callarse, pues continuar su campaña difamatoria contra Falun Gong sólo reforzaría el mensaje de que Falun Gong sigue de pie y que los practicantes de Falun Gong todavía tienen fuerza en China.
Así, el PCCh tuvo volver a la estrategia post Masacre de Tiananmen de 1989, y llevar su persecución a la clandestinidad, dejando de declarar “victorias decisivas”.
Las cartas, pues, están echadas. Sólo resta que el mundo entero se acople a las voces de rectas, como aquella del Parlamento Europeo, que “...insta al Gobierno chino a que ponga fin a la detención y tortura de seguidores del movimiento Falun Gong y a que los ponga en libertad inmediatamente”.









