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Lejos de la raíz del problema

Mejor no esperar una solución de fondo para los alimentos contaminados en China


Por Axel Borgia – La Gran Época
22.06.2007 13:00


Activistas de Greenpeace preocupados por el medio ambiente se paran en frente de frutas contaminadas durante una acción de protesta en Hong Kong. (Mike Clarke/AFP/Getty Images)

Los productos de un país no sólo llevan consigo los procesos de producción estándar del país, sino también muchos otros factores sociales y culturales. Por ejemplo, los precios de diversas mercancías sirven como herramienta para medir la fuerza laboral, los salarios y el sistema de beneficios del país. Asimismo, la calidad de los productos puede reflejar la ética comercial y el orden moral del país de origen, así como la infraestructura y el rigor de la ley en el mismo.

Por ejemplo, cuando abundan los productos alimenticios dañinos por ser falsificados masivamente para facilitar su comercialización, se percibe la carencia generalizada de ética profesional y de cualquier orden moral aplicable a la producción de comestibles. Pero no se limita a esto. No hay ni siquiera formas elementales de reforzar legalmente las éticas profesionales u ocupacionales.

Los autores, además, asumen que no van a ser responsabilizados por las consecuencias de la venta de productos comestibles peligrosos, pues la sociedad en China carece de medios regulados para investigar o castigar a aquellos que cometen cualquier tipo de actos inescrupulosos, o, cuando los hay, suelen ser meramente pantallas y no se aplican en absoluto, con la excepción de aquellos asuntos que afectan los intereses del régimen. En China actualmente no existe el rigor de la ley, sino el rigor del Partido Comunista. Es un claro ejemplo de esto el arresto y la sentencia de muerte del director de la Administración Estatal de Alimentación y Fármacos de China por casos de corrupción, inmediatamente después de que la comunidad internacional comenzara a protestar públicamente por los alimentos contaminados importados de China. El PCCh actuó –a su manera tradicional- sobre una situación que no es nueva ni poco conocida, sólo cuando sus intereses fueron tocados.

¿Y qué ocurrirá entonces con el problema de los alimentos contaminados? No hay que esperar una solución de fondo, pues el problema ocurre por la desvalorización progresiva de una sociedad hasta límites insospechables, debido al desarraigo cultural, espiritual y, por ende, moral, forzado por el adoctrinamiento de la dictadura comunista desde que tomó el poder hace casi sesenta años. Este es justamente el meollo del problema y es punto difícil de diferenciar desde otras partes del mundo, donde habitualmente se cree que “lo mismo ocurre en todos lados”. Tras el manto de rigidez del Partido Comunista y la pantalla de la industrialización del crecimiento económico, el orden social en China ha colapsado junto con el declive de la moralidad, y los productos exportados llevarán inevitablemente las cualidades de su lugar de origen.