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La riqueza y la posición social son breves como las nubes

Cuando nos aferramos al mundo humano nos olvidamos de nuestro verdadero hogar.


21.06.2007 04:25


 En el reinado del Emperador Yang, durante la Dinastía Sui (581-618), tres íntimos amigos Pei Chen, Wang Jingbo, y Li Fang, querían lograr la perfección espiritual, entonces viajaron a la montaña Bailu para cultivar el Tao en meditación y elevar sus niveles de conciencia, abandonando todas las cosas mundanas. Después de más de diez años de ardua cultivación y privaciones inimaginables, parecía que poco habían obtenido. Pasado un tiempo, Li Fang murió y Wang Jingbo dijo a Pei Chen, “Dejamos nuestras casas y una vida mundana de riqueza y poder para venir aquí a buscar el Tao. En este remoto bosque no oímos la hermosa música y no comemos exquisitos bocados. Hemos tratado el placer como una cosa vergonzosa, pasando nuestras solitarias vidas en la pobreza, todo para obtener el Tao, llegar a la perfección y convertirnos en inmortales. Pero aun hoy el paraíso no está a la vista. Si continuamos con nuestro sufrimiento aquí, todo lo que nos espera en esta montaña es la muerte. Pienso dejar esta montaña inmediatamente y vivir lujosamente; voy a buscar la riqueza y una buena posición. ¡¿Por qué morir en vano en esta solitaria montaña?!”

Pei Chen respondió, “Desde el principio he sabido que la riqueza mundana y una buena posición son temporales, sólo pasan como las nubes. ¿Habiendo visto a través de esa ilusión, cómo podría yo volver a tal país de los sueños?” Pei Chen impulsó a Wang Jingbo a permanecer en la montaña, pero Wang no lo escuchó y se marchó. Aquel año fue el primer año de reinado del emperador Taizong de la Dinastía Tang (año 627). Wang Jingbo reasumió su posición original de oficial y en pocos años se volvió la cabeza de la guardia imperial; vestía trajes rojos oficiales luciendo una presencia espectacular.

En una ocasión lo enviaron como embajador a la región sur del río Huai, viajaba por barco y su flota sostenía una insignia que indicaba su gran distinción. Cuando otros barqueros divisaban la insignia rápidamente se apartaban para hacer paso a la flota oficial. Sin aviso, un pequeño barco de pesca apareció delante de la flota. Al principio Wang Jingbo estuvo disgustado, pero cuando miró más de cerca vio que el pescador era el mismo hombre que había buscado el Tao con él en la montaña. Entonces envió un barco para saludar a Pei Chen e invitarlo a bordo del barco principal.

Wang Jingbo saludó a Pei Chen diciendo, “Viejo amigo, al momento que nos separamos, te estabas cultivando diligentemente ¿qué tienes hoy para enseñar? ¡no eres nada más que un pescador que flota en el río! Ahora que te veo, entiendo que la cultivación no tiene sentido. La vida es áspera y corta; deberíamos disfrutar de sus placeres ¿por qué debería malgastar mi vida cultivándome? Aunque no haya alcanzado aún el puesto más alto, he superado por lejos la ermitaña montaña donde vivía, ¿no? ¡Tú estas como antes, realmente no lo puedo entender! Si necesitas algo, yo gustosamente te lo proporcionaré”.

Pei Chen le contestó, “Aunque sólo sea un plebeyo, hace mucho dejé mis preocupaciones al cuidado del viento. ¿Cómo podría dejar que las ratas corruptas y podridas me interesen? Cada uno tiene sus aspiraciones, ¿por qué debes alardear de tu reputación y riqueza? Tengo todo lo que necesito, ¿qué puedes ofrecerme? Junto al edificio Qingyuan hay un huerto de cereza, esa es mi casa, te invito a que seas mi huésped en tu tiempo libre”.

Dos semanas más tarde, Wang Jingbo recordó las palabras de Pei Chen y se dirigió al huerto de cereza para encontrarlo. Un portero lo recibió y lo condujo dentro. Al principio la vivienda parecía desolada, pero a medida que se adentraban, los alrededores se ponían cada vez más hermosos. Ingresaron por un gran portón donde había bellos edificios y una vegetación hermosa y exuberante. Esta no era la casa de un hombre común; el paisaje era de una belleza incomparable, extremadamente relajante como flotar en una nube.

En un momento, un señor bien vestido y solemne caballero apareció de pie delante de él. Wang Jingbo apresuradamente bajó su cabeza en reverencia, cuando la volvió a levantar para su sorpresa encontró que el señor era Pei Chen. “Has sido un funcionario durante mucho tiempo, tu corazón se volvió más egoísta, llevándote pesadamente hacia abajo, haciendo difícil tu camino” le dijo, y condujo a Wang Jingbo a la sala de estar donde ninguno de los objetos era de este mundo mortal. Wang Jingbo nunca había probado una comida tan deliciosa como la que Pei Chen trajo ante él.

Pei Chen entonces dijo a su ayudante, “Wang Jingbo es un amigo de la montaña, pero debido a que no persistió en su determinación de obtener el Tao, me abandonó en la montaña y volvió a la ciudad. Han pasado más de 10 años; en este tiempo ha conseguido un rango militar. Pero se ha perdido completamente en asuntos mundanos. Este salón es del Noveno Cielo, los mortales no pueden entrar. Pero Wang Jingbo y yo buscamos el Tao juntos, me entristece que se haya perdido en los placeres del mundo humano, él pensó que era muy listo marchándose de la montaña, y al final su llamada inteligencia lo pervirtió. De aquí en más irá de arriba abajo vida tras vida en el amargo mar que es la vida humana, y jamás verá la orilla. Por lo tanto deliberadamente lo invité aquí hoy, con esperanza de despertarlo”.

Al día siguiente, poco antes del alba, Pei Chen se despidió de Wang Jingbo diciendo, “El camino en el mundo mortal es largo y arduo, tendrá muchos asuntos de que preocuparse, asegúrese de tener cuidado”. Wang Jingbo agradeció con gentileza a Pei Chen y se despidió. Cinco días más tarde, Wang Jingbo terminó su trabajo oficial y se dispuso a volver a la capital. Antes de marcharse quiso encontrarse con Pei Chen para decirle adiós por última vez, pero al llegar al huerto de cereza encontró sólo un desatendido jardín de hierbas crecidas. Con un corazón afligido dio media vuelta y se marchó.

Durante miles de años el hombre ha buscado entre el sufrimiento el sentido de la vida. En la cultura tradicional china se cree que nuestras vidas provienen originalmente de paraísos divinos y el propósito y el sentido de la vida humana es regresar a ese origen divino. Pero al entrar en el mundo humano uno fácilmente olvida la perfección del verdadero hogar y así como el mundo humano engañó a Wang Jingbo, confundimos este mundo con nuestro verdadero hogar. La riqueza y la posición social son breves como las nubes, cuando uno se siente vacío a pesar de una vida llena de consumo y placeres, en ese instante de lucidez se entra en la mayor tristeza y desolación, ¿no será que nada de lo que podamos conseguir en este mundo sirve si no podemos regresar a nuestro hogar original?