Taiwán ha sido rechazada para integrar la Organización Mundial de la Salud. Luego de grandes esfuerzos por lograr la admisión, los llamados países democráticos se han escudado en la resolución de las Naciones Unidas, lo cual es un error histórico que ojalá sea reparado en un futuro cercano, que no reconoce a Taiwán como república democrática como consecuencia de todas las estrategias del Partido Comunista Chino (PCCh) bajo el concepto de una sola China, es decir, una sola China Comunista. Han apoyado a una dictadura excusándose de varias maneras. Sin embargo, el tiempo pasa y la verdad sobre el PCCh sale más a la luz, y es hora que los países que se responsabilizan por las democracias y los derechos humanos den por fin un paso adelante y lo hagan bien de una vez por todas.
Exceptuando a EE.UU., Japón, Canadá, y algunos otros países que son concientes de lo que hacen en cuanto a reconocer a Taiwán, todos los otros están transitando un camino vergonzoso que además, intentan ocultar de cualquier manera.
Todavía se preocupan y temen cuando el PCCh los amenaza con expulsarlos de los negocios bilaterales si no aceptan hacer cualquier cosa que éste desee. La verdad es que si tales países distinguieran claramente con quién están negociando, ellos mismos serían quienes pondrían las condiciones y las consecuencias de esto es que los negocios se concretarían de todas formas siguiendo la rectitud.
Las injusticias en el mundo siguen ocurriendo, y todos son responsables. China está preparando las Olimpíadas y hasta ahora, Amnistía Internacional y otros movimientos, han hecho algo al respecto para que se tome conciencia de las violaciones de los derechos humanos en la China comunista e impedir así la realización de este espectáculo deportivo dado que el PCCh carece de cualquier clase de espíritu, sea olímpico, humanitario, etc.
Una vez más, los países no han aprovechado otra oportunidad de hacer valer sus principios humanos frente a lo que se considera el régimen más perverso de la historia. Estos siguen permitiendo que el PCCh haga lo que quiera, poniendo en riesgo a la población entera de Taiwán, dejándolo afuera de las medidas pertinentes, de la colaboración científica y de la supervisión de un organismo internacional, responsable de las regulaciones de la salubridad en todo el mundo. De ahora en más, ¿qué se puede esperar? Si ocurre una pandemia mundial, Taiwán deberá arreglarse solo, con el consecuente riesgo que ello implica para los 23 millones de pesonas que viven en ese país.
Durante estos años recientes, cada vez hay más ejemplos sobresalientes de mandatarios y funcionarios que han sabido actuar noblemente ante el PCCh, edificando la condición humana: el Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper,( ver artículo relacionado ), David Matas y David Kilgour ( ver artículo relacionado ), las Naciones Unidas ( ver artículo relacionado ), por mencionar algunos ejemplos. Sin ir más lejos, 22,5 millones de chinos han renunciado al PCCh, enfrentando todo tipo de presiones.
Cuando la Historia no de más oportunidades, ¿qué harán aquellos países que no han dado un paso adelante y dieron su aprobación ante cada decisión perversa del PCCh?









