Incluso en el lenguaje de los analistas, en el último tiempo la bolsa china literalmente “enloqueció”. Los chinos retiran los ahorros de los bancos para invertirlos en la Bolsa. Expertos advierten que se está acumulando un riesgo sin precedentes, pues el alza desenfrenada de la bolsa está teniendo el efecto de inflar una burbuja, que tarde o temprano estallará. Muchos inversores individuales serán los primeros en sufrir las consecuencias, pero el rango de las potenciales secuelas es amplio.
Los resultados de última encuesta del Banco Central de China evidenciaron que ahora sólo la mitad de la gente considera el ahorro como un buen uso de sus capitales. En cambio, el 30% cree que el mercado de valores es la mejor inversión, cuando hace un año sólo 19% de la gente lo consideraba así.
Actualmente la mayoría de los ahorristas en China está retirando sus ahorros para comprar acciones, tomándolas como una fuente de ganancias garantizadas. Diariamente aparecen doscientas mil nuevas cuentas sumándose a esta tendencia.
Esta entrada masiva de dinero ha hecho que las bolsas de Shanghai y Shenzheng alcancen nuevas alturas. El año pasado, el mercado de valores de Shanghai subió un 130%, en sintonía con el recalentamiento bursátil.
El propio régimen chino advirtió en reiteradas oportunidades a los inversores sobre el peligro de potenciar un mercado de valores fuera de control.
Muchos de los nuevos inversores particulares -entre ellos estudiantes, empleados y jubilados- no están realmente preparados para asumir el riesgo de sus inversiones. Algunos tienen la mentalidad de “jugar”, tienen escaso o casi nulo conocimiento del mercado bursátil, y menos aun es de esperarse que tengan en claro las causas del colapso de la bolsa en China de hace seis años.
Según estadísticas oficiales, los nuevos inversores, en lo que va del primer semestre de este año, ya alcanzaron los 4.790.000, que equivale a un 56% más del total de 3.080.000 nuevas cuentas del año pasado. Hasta abril de este año, se contabiliza un total de 92 millones de compradores de acciones en China. Este viento de ambición accionaria ha llegado a las universidades: el 10% de los estudiantes del primer año está pendiente de los movimientos de la Bolsa, y en el caso de los estudiantes del cuarto año, los accionistas o potenciales accionistas llegan al 80%.
Estos nuevos inversores aún no han experimentado una caída bursátil y, por lo tanto, arrastrados por la corriente de furor de la compra de acciones, actúan inclinándose por emociones.
Si la Bolsa colapsa, los pequeños inversores individuales serán los más perjudicados. Entre ellos, hay de dos categorías: unos son gente de limitado margen económico, quienes no podrán soportar la pérdida, y por otro lado están quienes otorgan préstamos y asesoran para invertir en la Bolsa. Asimismo, también hay muchos que adquieren préstamos de los bancos con argumentos falsos, y desvían el dinero para invertir en la Bolsa, así que los bancos pasarán a tener una gran cantidad de créditos incobrables.
El alza de la Bolsa china genera gran preocupación en el alto nivel político. Según informó la revista mensual Zhengming, de Hong Kong, el premier chino Wen Jiabao expresó en una reunión que la continua suba de la bolsa está siendo manipulada artificialmente, y que una vez que aparezca una crisis financiera, repercutirá instantáneamente en el mercado de valores. Si la Bolsa cae fuertemente, indudablemente causará gran desastre político, económico y social.
En la historia de China, casi por norma, ha habido siempre una crisis pequeña cada 5 años y una crisis a gran escala cada 10 años. No se vislumbra otro destino para la creciente burbuja del mercado de valores, más que estallar. Y para ese entonces, el desastre no afectará sólo el destino individual de muchas personas, pues ya ha dejado un extenso terreno minado que amenaza a un amplio espectro de la sociedad, cuyas posibles repercusiones ya hacen temblar al sector político, e incluso hacen tambalear a la propia supervivencia del régimen comunista.









