"Las consideraciones comerciales deben ser de suma importancia. Las empresas de gas y petróleo no debe utilizarse para ejercer una presión política," dijo Alistari Darling, secretario británico de Comercio e Industria, en el Foro Económico Ruso, la conferencia insignia para las empresas rusas.
Durante los últimos tres años, las empresas de energía controladas por el Estado, Gazprom y Rosneft, experimentaron un gran crecimiento de su influencia, al comprar activos y llevar adelante una dura negociación con las firmas extranjeras que quieren poner un pie en Rusia.
La semana pasada, la empresa anglo-holandesa Royal Dutch Shell cerró un acuerdo para ceder la mitad de los 21.400 millones de dólares del proyecto de gas y petróleo Sakhalin-2 a la empresa monopólica rusa Gazprom.
Los analistas dicen que la transacción, realizada a un precio inferior, formó parte de la maniobra del Kremlin para tomar el control de la vasta riqueza mineral y forzar la salida de la competencia extranjera, una tendencia que también se ve en algunos países de América Latina.
Rusia también está redefiniendo las rutas de los principales gasoductos y oleoductos para evitar pasar por los estados vecinos, lo que le permitiría concentrar su poder sobre la exportación de energía en manos de monopolios controlados por el Estado.
"Alrededor del mundo vemos una tendencia creciente hacia el proteccionismo, lo que establece barreras al comercio que nos empobrecerán a todos," dijo Darling.
"Estamos viendo el crecimiento de un nacionalismo económico. No funcionará. El proteccionismo vestido como patriotismo sigue siendo proteccionismo," agregó.
Las críticas hacia el Kremlin señalan que además de intimidar a otras naciones con la riqueza de gas y petróleo de Rusia, utilizó una serie de formas solapadas para avanzar con su estrategia energética, incluyendo reclamos ambientales sin fundamentos y demandas impositivas.









