Su riqueza cultural es la más grande prueba de su paso exitoso a través de los siglos. Del pueblo surgieron grandes pensadores y sabios a los que debemos, el resto de las naciones, conocimientos científicos de gran valor, así como la base para el desarrollo de tecnologías modernas en los países occidentales. A esta grandeza la acompaña el hecho de que la superficie de China sea la tercera más grande del planeta en extensión: 9.596.000 Km 2, con una naturaleza inigualable conformada por ríos, lagos, montañas, llanuras, selvas, desiertos, de gran belleza, y una flora y fauna riquísima.
Pero el pueblo de la nación china no ha sido muy afortunado históricamente. A esta tierra de tan grandes condiciones geográficas y culturales, siempre le faltó generosidad para con sus ciudadanos. Durante muchos siglos fue gobernada por dinastías, donde sus emperadores practicaron un feudalismo en ocasiones salvaje, haciendo que la vida de sus ciudadanos no valiera nada. Esta situación imperialista consiguió que la calidad de vida de sus ciudadanos fuera menoscabada como fórmula para mantener el territorio más o menos asegurado contra las pretensiones de invasiones vecinas. Se practicaba una dureza cruel en cuanto al sistema de justicia, y no era más que por la pretensión de hacer cumplir la voluntad del emperador y sus asesores de turno.
Más modernamente, el movimiento comunista se instauró en este gigante asiático adormecido, debilitado y necesitado de un cambio. Con la revolución de Mao se impuso un régimen que hizo creer a su pueblo de que éste estaba diseñado y pensado por fin para sus necesidades e intereses, pero una vez más la historia se ensañó con este laborioso y sacrificado pueblo imponiendo al Partido Comunista Chino, que se convirtió realmente en una entidad represivo-policial, encargada de “mantener el orden y organización”, basada en prohibir toda iniciativa diferente de la ideología comunista, programando además la vida de los ciudadanos hasta en el más pequeño detalle. En definitiva, una vez más las libertades son un campo desconocido y no autorizado por los gobernantes.
La lista de las acciones autorizadas en el resto del mundo, especialmente en occidente, que están expresamente prohibidas en China es enorme, y por lo tanto se necesitaría mucho tiempo y papel para enumerarlas. Pero cabe mencionar la más grave, el Partido comunista Chino prohíbe a sus ciudadanos “PENSAR”. El individuo que muestre algún pensamiento no escrito por el PCCh, será perseguido y encarcelado.
Así, cuando cien millones de sus propios ciudadanos han pretendido cultivar su mente y corazón, con la Verdad, Benevolencia y Tolerancia, son calificados como enemigos del régimen, pues se les considera muy peligrosos.
Habría que preguntarse: ¿cuál de los tres conceptos de esta filosofía, conocida por Falun Gong, es más peligrosa? Analicemos….
¿Será la VERDAD? Seguramente, pues la práctica de la verdad es que en la República Popular China, en los momentos actuales y con las políticas que se están llevando a cabo, resulta inconcebible, ya que el régimen logra mantenerse en el poder con engaños, mentiras, censuras, montajes, ocultando así su luchas, errores, matanzas, represiones del pasado, presente y futuro… el engaño y la excesiva represión son sus principales armas.
¿Será la BENEVOLENCIA? Posiblemente. Ser benevolente para los funcionarios del PCCh, es absolutamente contradictorio con sus intereses. La lucha de clases, la violencia, las expropiaciones forzosas, las persecuciones, es una de las bases fundamentales de la doctrina comunista. Prueba de ello, es que más de 80 millones de personas inocentes, catalogadas como presos políticos han sido asesinados en múltiples revoluciones y luchas políticos habidas en esta dictadura, resultando ser un numero superior a todas los muertos de las dos guerras mundiales.
¿O quizás sea la TOLERANCIA? ¿Se pueden imaginar los lectores de La Gran Época dónde y cómo aplicar la tolerancia en un régimen dictatorial? Sería un sin sentido enorme para ellos. Enorme y brutal como la persecución a la que tienen sometida a los practicantes de estos tres “peligrosos” principios. Deciden por lo tanto ellos, los funcionarios del PCCh que son estos ciudadanos cultivadores del bien, “ciudadanos peligrosos” que hay que perseguir, encarcelar, torturar y en algunos casos ejecutar.
Por lo tanto, la fortuna del pueblo chino, actualmente es una asignatura pendiente cuyo aprobado está en manos de los países que actualmente están haciendo acuerdos económicos con este país, basado más en los intereses económicos que en el interés por los derechos humanos de sus ciudadanos. Estos países tendrían en realidad “la sartén por el mango” si presionaran al PCCh para que, si realmente está interesado en llegar a acuerdos de su interés, primero instaure como premisa la democracia y los derechos básicos de su pueblo. El fin del PCCh cambiaría la suerte del pueblo chino, acabándose de este modo el capitulo más negro, trágico y ensangrentado de su larga historia.









