Sabíamos que la cultura nos permitía descubrir nuevas expresiones artísticas. Sabíamos que la cultura o “las culturas” son la aceptación de la historia de cada pueblo. Lo que no sabíamos es que la cultura puede ser algo más profundo y esencial, que nos lleva a los lejanos orígenes de nuestras primeras expresiones.
Desde tiempos remotos, la cultura es un medio de preservar la identidad de una región o de un pueblo alrededor de una lengua y de unas tradiciones. Es el mayor vehículo de las verdades colectivas, que son el origen de la civilización y de la armonía entre los individuos, como la educación, la tolerancia o incluso el arte de la “representación”; saber vivir y saber estar.
Con la gira mundial del Espectáculo del Nuevo Año Chino de la televisión New Tang Dynasty, estas concepciones culturales alcanzan una renovación y un sentido que sólo la verdadera cultura china puede aportarnos. Para comprender esto, hay que sumirse en un contexto histórico, en la cultura más antigua de nuestra humanidad y en la más grande expresión de su prosperidad: la época de la Dinastía Tang.
La civilización china supo preservar desde hace más de 5.000 años una cultura basada en los principios de la virtud, la generosidad y la rectitud. El apogeo de su reino fue la Dinastía Tang (618-907dC). Durante este período, reinaba la armonía entre el Emperador y su pueblo, entre el hombre y la naturaleza, y las artes conocían un grado de belleza que jamás ha sido igualado. Pero desde hace 50 años, con la toma del poder por parte del Partido Comunista, la cultura china conoció la destrucción más catastrófica de toda su historia: patrimonio cultural destruido, censura de las artes, de la música y de la literatura, negación de las tradiciones... Los artistas del Espectáculo del Nuevo Año Chino 2007 recorren el mundo para revivir en el corazón de cada hombre esta gran época, cuando para cada pueblo la cultura era un vehículo con un mensaje de paz y moralidad.
Qué suerte para los espectadores de Le Palais des Congrès parisino que, cautivados, se embelesaron con cada nota y coreografía de este magnífico espectáculo. Los artistas parecían jugar en el universo que nos describían: países celestiales, templos de Buda, reinos divinos. En la atestada sala, un mensaje de compasión y de paz fue el hilo conductor entre los diferentes mitos y leyendas de la antigua China. Nada ha sido dejado al azar; una gran emoción pura y humana invadió al público, que, al marcharse, parecía salir de un palacio de otro mundo y de otra época.
Lo que hace avanzar la cultura y lo que la caracteriza básicamente, nos ha sido transmitido por el Espectáculo del Nuevo Año Chino y, con ello, la herencia divina del pueblo chino. Cultura tradicional, que en estos tiempos modernos es sacrificada por los intereses patológicos de un régimen usurpador y sin conciencia. No olvidemos que sin la cultura– alma de una nación- el amor a la vida y a la naturaleza humana, desaparecen poco a poco.









