Los comentaristas occidentales se están preguntando de que se trata la nueva política de China, a la luz de las recientes visitas del líder comunista Hu Jintao a ocho países africanos.
Willy Lam, actualmente comentarista de la CNN sobre asuntos chinos dijo que las visitas de Hu a África son una indicación que él ha abandonado la actitud de Deng Xiaoping de “esperar el momento oportuno y crecer nosotros mismos”. En vez de eso, él intenta ser el líder de un superpoder emergente. La destrucción del satélite el mes pasado por parte del Ejército de Liberación Popular es también un signo de que Hu está cambiando la política exterior.
Recientemente el Partido Comunista Chino (PCCh) a adoptado una política muy agresiva hacia los países africanos. Hu visitó África dos veces en un año. Solo hace tres meses atrás, China invitó 48 líderes africanos para que asistieran a un foro sobre la relaciones China-África en Beijing y generosamente eximió las deudas de 33 países africanos con China en un intento de comprar su apoyo.
Antes de que Hu visite África, en un conferencia de prensa, el ministro de relaciones exterior del PCCh señaló que el propósito principal de la visita de Hu era promover el desarrollo pacífico de África. En ese momento, los medios de comunicación norteamericanos, tenían muchas esperanzas de que la visita de Hu pudiera detener el genocidio en Sudán. Un periodista del New York Times, Howard French, publicó un artículo desde Shanghai titulado “Líder chino visita Sudán para hablar por el conflicto de Darfur.”
Sin embargo, en realidad fue a Sudán para recompensar al presidente sudanés quien defiende el genocidio y también prometió ayudarlo a construir un palacio presidencial. El columnista del Washington Post, Sebastián Mallaby, escribió una columna el 5 de febrero titulada, “Un palacio para Sudán – la actitud de China daña a Occidente.” En este artículo, Mallaby considera que no fue coincidencia que Hu estuviera de acuerdo en construir un palacio presidencial para el presidente sudanés ya que, en los años recientes, China nunca accedió a construir un palacio presidencial para ningún país. Por eso la decisión de elegir a Sudán fue un acto deliberado en contra del mundo occidental.
En los años recientes, el gobierno sudanés ha recibido muchas críticas de la sociedad occidental por su represión al movimiento independiente en la región de Darfur. De acuerdo con las organizaciones de derechos humanos, en los cuatro años pasados, más de 200.000 fueron asesinados en este genocidio. Occidente, incluyendo los EEUU han dejado interrumpido su ayuda a Sudán y requirieron a la ONU que imponga sanciones económicas a Sudán. Beijing se opuso a esta decisión e incluso amenazó con vetarla. En la visita de Hu a Sudán, no solo no condenó al gobierno por llevar a cabo el genocidio, sino que también accedió en darle 140 millones de yuanes (18 millones de dóldares) al brutal dictador y ayuda para construir un palacio presidencial, aprobando y premiando al dictador sudanés.
China incluso planea duplicar su ayuda a los países africanos en los tres años próximos, ofreciéndoles 3 mil millones de préstamos con intereses bajos y 2 mil millones en créditos de exportación. Las críticas occidentales dicen que China está tirando sus dólares de plata en África sin considerar en lo más mínimo el hecho de que 600 millones de personas en China continúan ganando menos de dos dólares por día y el 5% de la población (60 millones) todavía vive bajo la línea de la pobreza de la ONU. Es por esto que la política del PCCh en África es totalmente inhumana. Hace ojos ciegos a las más de 200.000 muertes en el genocidio en Sudán y no le importa si los ciudadanos chinos viven o mueren. Solo le importa la ideología y no las vidas humanas.
Otra razón por la cual los países occidentales han criticado y mostrado preocupación es por la violencia en Sudán que mientras toda África se mueve hacia un liderazgo de dos partidos, este genocidio apaleador va en dirección contraria. En el último siglo, África ha estado dominada por militantes y dictadores. Paul Jonson, un historiador británico, incluyó un capítulo sobre África en su libro Modern Times titulado “Los reinos del Caliban.” A fines de los 60, había 64 rebeliones y guerrillas emergiendo. Hasta 1975, de los 45 países en África, 20 eran dominados por dictaduras militares. En los 60, solo había cuatro países africanos donde se permitían las elecciones libres. Con la desintegración de la Unión Soviética y el fin de la guerra fría, la democracia llegó a África. De acuerdo al Banco Mundial, de 48 países africanos, 42 tienen ahora elecciones libres. Países tales como Tanzania, Zambia, Mozambique, Nairobi, Zimbabwe, etc., los cuales eran considerados como países subdesarrollados por los chinos, lograron tener elecciones libres en 1990. Con semejante telón de fondo, Sudán no solo se opuso a la democracia, sino que en vez de eso propagó la violencia y el genocidio, de este modo incurriendo en la indignación de la comunidad internacional.
Con las críticas de Occidente y la demanda de sanciones económicas sobre Sudán, “Hu pidió a las naciones que ‘respetaran la soberanía de Sudán,’ dijo Mallaby del Washington Post. “Desde el fin de la Guerra Fría, la forma de ver la soberanía de Occidente ha cambiado constantemente. Si una nación masacra a sus ciudadanos (piensen en Rwanda, Kosovo), alberga terroristas (Afganistán), o se rehúsa a cooperar con los inspectores de armas de la ONU (sí, Irak), está penalizando su derecho a la soberanía. Puede que no sea invadida, pero ciertamente puede esperar sanciones.” Por ejemplo, EEUU derribó el régimen taliban y la dictadura de Sadam Hussein. Otro ejemplo fue cuando el régimen nazi empezó a invadir otros países; la sociedad internacional tenía el derecho de recurrir a la intervención militar para detener el avance de Hitler. La Alemania nazi no tenía permitido usar la soberanía como excusa para detener la censura y la prohibición de sus actos violentos por parte de la comunidad internacional.
Liu Kin-ming, columnista del Washington Post y ex director de la Asociación de Periodistas de Hong Kong, dice en su artículo “La soberanía da la victoria a China,” ‘Beijing protege el principio cardinal de la soberanía por una razón obvia: no quieren que nadie de afuera le diga que hacer. De este modo, la Masacre de Tiananmen ‘no es vuestro problema’ – es un asunto interno, y nosotros hacemos lo que queremos – así que tampoco tienen que decir nada cuando el Ejército de Liberación Popular logre finalmente cruzar el Estrecho de Taiwán.”
Hoy, una vez más, la política de Beijing de favorecer al dictador sudanés prueba que ninguna de las ideologías del PCCh va a cambiar solo porque Hu asumió el liderazgo. Uno no debería tener ninguna ilusión sobre este régimen.









