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Un mono con navaja, el estilo PCCh


Por Sonya Bryskine - La Gran Época Australia
26.02.2007 23:46


(AFP/Getty Images)

Cuando la República Pupular China destruyó un viejo satélite propio con un misil a mediados de enero, junto con las fuertes críticas de la comunidad internacional se entreveró una preocupación generalizada de que esta acción hubiera instigado una nueva “carrera espacial”.

La respuesta inicial de Beijing a la protesta fue evasiva, pero posteriormente emitió un comunicado declarando que el acto había sido parte de una nueva política dirigida a forzar a Estados Unidos a suspender el programa de un mil millones de dólares para armas espaciales. Para varios analistas, una extraña forma de presionar por un cambio.

La maniobra misilística ha revelado a Occidente que el régimen Comunista Chino no sólo cuenta con una sofisticada tecnología espacial, sino que tampoco se inhibe de usarla.

Estudios en base a modelos computarizados concluyeron que pudieron haberse producido cerca de 300.000 piezas de desechos tras el impacto del misil sobre obsoleto satélite meteorológico chino, informó el San Francisco Chronicle. La emisión de partículas metálicas podría haber dañado la Estación Espacial Internacional, así como otros objetos espaciales que controlan las armas guiadas por satélites en la Tierra.

La acción no sólo enojó a los analistas de defensa, sino que también recordó al mundo la era de tensión cuando URSS y EE.UU competían por la supremacía espacial. La última vez que un objeto había sido disparado en el espacio fue en 1985, cuando EE.UU. destruyó uno de sus propios satélites.


Sin aviso

Desde que el régimen chino comenzó las pruebas misilísticas, a través de las cuales China se ha convertido en el tercer país en destruir un objeto en el espacio únicamente (detrás de EEUU y la URSS), varios expertos han alertado sobre una secuencia de maniobras y tácticas militares “encubiertas”.
“Ellos piensan que pueden hacer básicamente lo que quieren,” comentó a La Gran Época el Dr. Paul Monk, ex-jefe de análisis de China en la Organización de Inteligencia y Defensa Australiana.

“Lo más alarmante de todo esto es que fue hecho sin advertencia previa… y la falta de transparencia en las intenciones y en el planeamiento y crecimiento militar son preocupantes,” dijo, y agregó que el lanzamiento del misil contra el satélite indica que Beijing no está operando como un miembro responsable de la comunidad internacional.

Algunos observadores de Asia consideran la maniobra espacial como la acción más provocativa de la República Popular China desde que disparó misiles cerca de la costa de Taiwán hace más de una década.


La reacción internacional

“En lo profundo de sus huesos, China quiere convertirse en una superpotencia militar y dominar la región por la fuerza”, declaró el vocero del gobierno de Taiwán, Wen-tsan, en una entrevista para el diario Taipei China Post.
La portavoz del Ministerio de Comercio y Relaciones Exteriores de Australia aseguró que “El Gobierno [de Australia] ha solicitado una explicación sobre los futuros planes del Gobierno Chino para desarrollar y ejecutar sistemas de armas con la capacidad de destruir recursos espaciales”, según consta en una informe del Sydney Morning Herald.

Japón, Corea del Sur y Australia, entre otras naciones de la región elevaron sus críticas abiertamente. También hubo reacciones de Canadá y Reino Unido.


Implicaciones

EEUU actualmente posee y opera 443 de los 845 satélites activos que orbitan el planeta, esto representa el 53 por ciento. En contraste, China posee sólo el 4 por ciento.

Pero para el Dr. Monk, autor de Trueno desde la zona de silencio: repensando China, el ataque misilístico es un desafío a la supremacía espacial de Estados Unidos.

“China envía un mensaje: ‘Intentamos que nos empiecen a tomar seriamente, y si no se sientan y conversan, pondremos presión sobre tí’… Es un mensaje muy serio”, dijo Monk.
Esto es, para Monk, potenciado por el hecho de que “sí es posible conocer las capacidades militares de las potencias occidentales, pero no ocurre lo mismo con China.” Tampoco está claro cuáles son exactamente las intenciones de La República Popular.

Con respecto a cuáles serán las consecuencias a largo plazo, el experto en China pinta dos posibles escenarios.

“Claramente podemos esperar que continúen con el programa misilístico... al menos hasta el punto en que EEUU se comprometa a un serio diálogo sobre algún balance en ese aspecto”.

“En el peor escenario, van a continuar hasta el punto en que tengan la capacidad de vetar las acciones militares de EEUU, [y después] aplicar la fuerza contra Taiwán”.

“Si siguen ese camino, ciertamente puede traer serias implicaciones.”


Mono con navaja

Es le mal uso, más que la simple posesión de tecnologías sensibles, lo que ha perturbado a EEUU y otras potencias occidentales. Ciertamente, algunos organismos como Amnistía Internacional han denunciado que el régimen Chino provee armas al terrorismo.

Irán, por ejemplo, ha estado involucrado en un programa misilístico conjunto con la República de China por cerca de una década. Información publicada por el grupo de proliferación antinuclear de Irán Watch sugiere que Teheran ha importado el misil chino silo-worm y el más competente misil anti-navío C-802, que luego fue usado por la guerrilla de Hezbollah en la guerra del Libano de 2006.

El año pasado, Beijing reveló que tiene la tecnología para derribar satélites con un rayo láser.

“Esta es la otra cara de China, el lado de la potencia agresiva que usualmente mantienen bien escondido,” dice Chong-Pin Lin, un experto en la milicia China en Taiwán al The New York Times. “Hablan más acerca de la paz y la diplomacia, pero la presión por desarrollar capacidades letales de alta tecnología no ha disminuido en absoluto.”