Un activista musulmán canadiense ha sido torturado durante su detención en China, según informó su familia esta semana. Huseyincan Celil, ciudadano canadiense de Burlington, Ontario, fue arrestado por las autoridades en Uzbekistan, donde la familia fue a visitarle el 26 de marzo, aparentemente bajo la presión del régimen comunista chino. Fue deportado a China y ha estado detenido desde entonces esperando el juicio.
Su hermana, que asistió al comienzo del juicio la semana pasada en la ciudad de Urumqi al noroeste de China, declaró que Celil protestó por la tortura que recibió durante las dos primeras semanas de arresto, y que fue forzado a firmar una declaración contra su voluntad.
Le dijeron que si no firmaba, sería “enterrado vivo y desaparecería sin dejar rastro”, según relató su hermana a un grupo musulmán Uyghur en Canadá el lunes pasado. “No se le dio alimento, lo interrogaron 24 horas al día, y algunas veces se lo expuso a luces muy fuertes para traumatizarlo”, según las declaraciones de la hermana de Celil a este grupo Uyghur.
Ésta declaró que Celil había rechazado el documento que fue obligado a firmar.
Fui obligado a firmar un documento que nunca entendí y que no sabía exactamente de qué trataba,” señaló. “Mi historia es muy clara. No he hecho nada malo en toda mi vida. Por eso, si se saca alguna conclusión de este documento prefijado que fui obligado a firmar, no me hago responsable de ello, puesto que no tiene nada que ver conmigo.”
Celil es un abierto defensor de los derechos de los musulmanes Uyghur en la provincia de Xinjiang al noroeste de China, y también defiende la independencia de esta región.
Fue detenido y torturado anteriormente en China por sus actividades y escapó del país en 1997. La ONU le concedió estatus de refugiado en Turquía, y emigró a Canadá en el año 2000.
Tanto la familia de Celil en China como el gobierno canadiense han tenido problemas para visitarlo, puesto que el régimen chino se niega a reconocer su nacionalidad canadiense y lo tiene retenido con paradero desconocido.
Celil está acusado de estar involucrado en un golpe terrorista en el año 2000, pero Amnistía Internacional dice que esos cargos no pueden ser verificados, y señala que el acusado estaba en Turquía en aquellos momentos.
Los partidarios de Celil dicen que los cargos son falsos y que el régimen comunista chino está utilizando la excusa de la lucha contra el terrorismo para reprimir al grupo étnico Uyghur en la provincia de Xinjiang.
Varios ministros del gobierno canadiense han planteado el caso de Celil a las autoridades chinas. Además, el Primer Ministro canadiense, Stephen Harper, ha dado gran importancia a este caso en sus conversaciones con el gobierno chino.
“Cuando se refiere al caso específico de ciudadanos canadienses maltratados, tenemos la absoluta obligación moral de defenderlos y expresar nuestra opinión”, declaró Harper a los medios de comunicación en noviembre, antes de su encuentro con el líder chino Hu Jintao.
Sin embargo, los diplomáticos canadienses no estaban presentes al comienzo del juicio de Celil la semana pasada, lo cual parece que ha molestado mucho al Primer Ministro, y demuestra que muchos diplomáticos canadienses en Beijing no se están tomando el caso muy seriamente.
El presidente de la Asociación Canadiense Uyghur, Mehmet Tohti, que proporcionó a los medios de comunicación los comentarios de la hermana de Celil en un correo electrónico, declaró que los familiares que asistieron al comienzo del juicio de Celil estaban “demasiado asustados” para contar lo que habían escuchado. Puesto que eran los únicos testigos en la sala, se sabría perfectamente quien habría filtrado las alegaciones de tortura a Celil.
Los familiares se encuentran actualmente en Urumqi, esperando a reunirse con los oficiales canadienses enviados desde Beijing.
La policía china les dijo que el juicio no continuaría hasta después del Año Nuevo Chino, que comienza el próximo 18 de febrero.









