28 de diciembre (The Epoch Times)- Recientemente, el Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper, dio un ejemplo mundial con su actitud hacia la nación comunista más grande del mundo, con el mayor aparato represivo y autoritario de la historia.
Contrariamente a la mayoría de los países, sobre todo los países occidentales con gobiernos democráticos, Canadá dijo “no” a la irracionalidad del régimen comunista chino. Y esto no le ha dado ninguna consecuencia negativa, ni le ha causado pérdidas económicas, y no ha sufrido ninguna de las supuestas “amenazas” que el PCCh se atrevió a formular.
Entonces, ¿qué significa esto?
Canadá dio un paso adelante, uno más en su historial de acciones rectas para no aceptar las premisas de regímenes autoritarios como el PCCh. Y el régimen comunista chino, lejos de “tomar las armas”, simplemente retrocedió temeroso para proteger su ya dañada imagen pública, aunque intentará hacer lo imposible para mantener algo de su “reputación” hasta el final de sus días.
Parecería que muchos gobiernos creen todavía que el régimen comunista chino tiene mucho poder, y que puede hacer lo que le venga en gana si éstos no aceptan sus escabrosas “reglas del juego”. Estas reglas son absolutas y siempre son ventajosas para el PCCh. Si los gobiernos no las aceptan, el PCCh advierte o peor, amenaza, con grandes pérdidas económicas. Por supuesto, esto para los gobiernos de países en desarrollo que buscan desesperadamente incrementar las exportaciones, y que todavía no han aprendido a defender sus recursos naturales, humanos, o más importante, sus principios morales, resulta algo catastrófico. La mayoría de estos gobiernos piensan que los principios morales de una nación en desarrollo pueden ser intercambiables por beneficios económicos.
Sin embargo, la cruda realidad demuestra que esto no es así. El reciente ejemplo de Canadá es emblemático, aunque no se trate de una nación en vías de desarrollo. ¿Por qué es emblemático? Simplemente, porque Canadá no ganaba en el comercio con China, aunque el PCCh haya amenazado reiteradas veces que no seguir las propias reglas del juego le acarrearía a Canadá “graves consecuencias en las relaciones comerciales”.
El PCCh siempre “juega” de este modo con casi todos los gobiernos. “Vende” progreso, beneficios jugosos tanto para el Partido como para el país negociante, y hasta se pone en el papel de “hacer un favor” al permitir negocios con China. No obstante, el control de todo lo obtiene el PCCh.
Al manipular el comercio como un arma de dominación de gobiernos débiles, puede extender su régimen subrepticiamente por donde quiera, y, por ejemplo, controlar los medios de comunicación, apoderarse de recursos naturales, etc.
Las pérdidas superan las ganancias. Sin embargo, han sido muy escasos quienes se han atrevido a dar el paso adelante para decir “No” al régimen represivo que más daño ha causado a la humanidad.
La mayoría de los gobiernos democráticos de los países occidentales están demostrando con sus acciones que le temen al PCCh. En vez de negar las viles estrategias comerciales del régimen, las apañan, creyendo que así evitan mayores problemas. En realidad, así es como se generan grandes problemas.
Canadá no le tuvo miedo al PCCh. Harper enfrentó al régimen con la verdad sobre la política de violación sistemática de derechos humanos en China, y Canadá no recibió ninguna clase de sanciones. ¿Por qué? Porque hizo lo correcto. El PCCh retrocedió temeroso, y, aunque primero se haya dado el “lujo” de cancelar una reunión con el Primer Ministro canadiense, luego el mismo Partido pidió concertar una entrevista con él.
¿Cuál sería el escenario internacional si los gobiernos que aun no le han dicho “NO” al PCCh reflexionaran sobre esto y se decidieran a dar el paso adelante?
El PCCh tiene miedo de de que los gobiernos democráticos de países occidentales denuncien también las violaciones a los derechos humanos y las atrocidades que han cometido en el pasado la historia y hasta en este mismo momento, como ser la sustracción forzada de órganos a personas vivas ( personas que practican Falun Gong).
La pregunta es: ¿por qué le temen los gobiernos democráticos de Occidente al PCCh? Éstos ignoran o prefieren no ver la verdad, de que el régimen comunista chino necesita desesperadamente “alimentarse” con los recursos económicos y tener controlado todo lo que pudiera difamarlo o ponerlo en jaque. De otro modo, no le temerían y la actitud sería la correcta: los países democráticos pondrían condiciones al PCCh en cuanto a la política de derechos humanos y libertades esenciales, y no éste a los países democráticos.
La otra pregunta es: ¿por qué el PCCh teme que se sepa cada vez más en el ámbito internacional la verdadera situación de los derechos humanos en China? Simplemente, porque no hay forma de ocultar los hechos, y eso mismo hará que, tarde o temprano, el régimen caiga definitivamente. El PCCh sabe muy bien que es sólo cuestión de tiempo;, cuando comience a perder más terrenos importantes en la economía internacional, como ocurre con Canadá, dejará de recibir las “transfusiones” que lo mantienen sobreviviendo y no tendrá recursos para seguir sosteniendo la enorme infraestructura de poder y control de propaganda que mantiene en China y en el resto del mundo.









