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Andrew Coté: la vida de un apicultor urbano

Fundó Abejas sin fronteras, una asociación benéfica que otorga recursos y educación a los apicultores de países en vía de desarrollo
Por Amelia Pang - La Gran Época
Vie, 9 Ago 2013 14:11 +0000
Andrew Conté apicultor en Nueva York y tambien maestro de jitsu y aikido, 13 de
Andrew Coté apicultor en Nueva York y también maestro de jitsu y aikido, 13 de julio de 2013. (Benjamin Chasteen/La Gran Época)
Andrew Coté se prepara a quitar la primer capa de paneles de abejas en Chelsea, Nueva York. (Benjamin Chasteen/La Gran Época)
Andrew Coté se prepara a quitar la primer capa de paneles de abejas en Chelsea, Nueva York. (Benjamin Chasteen/La Gran Época)

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NUEVA YORK— Andrew Coté es el fundador de la Asociación de Apicultores de la Ciudad de Nueva York, pero esa no es la cosa más curiosa acerca de él.

Su apariencia nos indica que es un hombre blanco, común y corriente, que vende su marca de miel Andrew los lunes y los miércoles en un puesto en el Mercado Ecológico del Union Square. Pero de vez en cuando sorprende a todos cuando con un repentino movimiento de arte marcial pone a alguien en el suelo, mostrando así una faceta diferente.

Cada tanto le aparecen oportunidades para ponerse al día en sus habilidades para el jiu-jitsu y el aikido, especialmente en la ciudad de Nueva York. Los cinco años que pasó viviendo en un templo budista japonés y entrenando con un maestro no fueron en vano.

A principios de julio, vio un hombre en Union Square escupiendo en la cara a una mujer transeúnte que había ignorado sus insinuaciones. “Vi eso y pensé para mí mismo, eso es una agresión”, dijo Coté.

Así que caminó hacia allí y con una serie de movimientos veloces, llevó al hombre rápidamente al suelo. “No, no me metí en problemas por eso, él agredió a alguien, todo lo que hice fue frenarlo”, expresó.

“No estoy interesado en dañar a nadie. Cuando eres un principiante y sabes muy poco, estás interesado en dañar a la gente, pero una vez que aprendes cómo dañar a la gente, eso es lo último que quieres hacer”, explicó.  

Entonces, ¿quién es este aprendiz de jiu-jitsu devenido en apicultor urbano? Digamos que lo anterior sólo roza la superficie de sus excéntricas cualidades.

Coté también ha enseñado baile de salón a señoras mayores en el Estudio de Danzas Arthur Murray. Aprendió baile con la esposa de su maestro de aikido, que era una instructora de baile de salón.

“No soy muy bueno en eso, pero soy lo suficientemente bueno como para, tu sabes, bailar Foxtrot con una señora de 75 años”, dijo modestamente.

Coté es un hombre que ha logrado más cosas que la mayoría, sin embargo siempre tiende a dejar algunas sin terminar, como el doctorado en estudios de Medio Oriente en Yale. Prefirió pasar más tiempo con su padre, que es apicultor, y con las abejas, en vez de sentarse en una biblioteca de New Haven.

Asistió a cinco universidades para realizar sus estudios, fue echado de dos, antes de finalmente recibirse en la Universidad de Long Island en 1997, desde su campus en Kyoto, Japón.

También dejó la escuela secundaria a los 15 años. Pero Coté no era un estudiante ni conflictivo ni malo. Simplemente quería hacer un mejor uso de su tiempo.

“No creo que es que fuera demasiado inteligente en la escuela. Sólo sé que diariamente estábamos perdiendo mucho tiempo. Siempre fui muy consciente del tiempo, el activo más valioso que tengo”, dijo

“Prefiero que alguien robe mi dinero y no mi tiempo”, señaló.

Viviendo en un templo budista en Japón

El padre de Coté lo empezó a llevar a clases de artes marciales a los 10 años. “Quería aprender a defenderme porqué tenía algunos problemas con los chicos de la escuela”, recordó.

A los 23 años decidió ir a Japón a aprender artes marciales en profundidad con un maestro. El año precedente había estado impartiendo clases en una escuela secundaria de Ecuador.

Cuando expiró su visa de turista en Japón, obtuvo una visa de estudiante y estudió literatura japonesa en una universidad vecina.  “Parecía ser lo correcto, necesitaba estudiar algo”, dijo.

Llevaba una doble vida. Durante el día estudiaba literatura japonesa, pero temprano a la mañana, y en las tardes volvía al templo budista a entrenar aikido y jiu-jitsu.

Entrenaba ocho horas al día, seis días a la semana durante cinco años. Y esos fueron los días más felices de su vida.

En Japón aprendió mucho más que artes marciales.

“Mi maestro en Japón fue como un padre para mí”, recordó. “Me enseñó rectitud moral”.

Su maestro no era rico, pero gastó muchos de sus recursos construyendo dos dojos en Cuba, éstos son lugares de entrenamiento formal de artes marciales japonesas.

Un miembro de su dojo era cubano y viajaron como un grupo varias veces a Cuba, llevando comida, dinero y recursos para ayudar a construir los dojos.

Coté estudió español en varias de las cinco universidades en las que no graduó y le fue muy útil. Durante estos viajes sirvió de intérprete entre japoneses y personas que hablan español.

Aquellos fueron los sucesos que moldearon sus valores humanitarios sobre los cuales más tarde fundó sus dos organizaciones sin fines de lucro.

Abejas sin fronteras

Pero lo que lo hizo regresar fueron las abejas. Como cuarta generación de apicultores, Coté tiene un gran conocimiento acerca de los pormenores de la apicultura.

En 2005 fundó Abejas sin fronteras, una asociación benéfica que otorga recursos y educación a los apicultores en países en vía de desarrollo, con la esperanza de que puedan usar la apicultura para ayudarlos a mitigar la pobreza.

Viaja a una zona empobrecida cada año para ayudar a los apicultores locales a aprovechar al máximo sus recursos, lugares que van desde Brooklyn hasta Bagdad.

Hasta ahora, ha ido al delta del Níger, a unas islas olvidadas de Fiyi, a junglas ecuatorianas, Haití, a las tierras de Samburu en Kenia y al sudeste de India.

Ha ayudado a los apicultores de Kenia a construir cercas para repeler tejones de miel, animales aparentemente lindos que son la ruina en la existencia de un apicultor. Ha establecido colmenas en jardines comunitarios de Brownsville y el este de Nueva York. Ha aguantado las temperaturas más elevadas en Irak para enseñarle a los granjeros mejores técnicas de polinización.

“Es aleccionador estar cerca de semejante pobreza, gentileza y de gente tan estoica. Ves personas que caminan seis millas para conseguir agua, para asegurarse que sus abejas tengan agua y que sus familias tengan agua”, dijo.

Muchos apicultores en estos países no están al tanto de que pueden usar sus abejas para más que su miel. Coté les enseña como explotar su potencial para obtener otros recursos de la abeja como la cera y el polen.

También les enseña a los apicultores modos alternativos de extraer la miel que no incluyen quemar una colonia para obtener miel. La forma tradicional de apicultura requiere a menudo matar a las abejas, y en un momento en el que las abejas están desapareciendo del planeta, cada colmena es una valiosa fuente de vida.

La organización también ha recaudado fondos para comprar equipos de protección para muchos apicultores que han soportado las picaduras en el trabajo debido a la falta de recursos.

Apicultor de tiempo completo en Nueva York

A lo largo de su vida, Coté siempre ha encontrado abejas, sin importar en qué parte del mundo estaba. “En Moldavia encontré abejas, en Japón encontré abejas, incluso en Alaska. Hay apicultura en todas partes”, indicó.

Se retiró temprano como profesor de literatura del estado de Connecticut, sólo para terminar haciendo más trabajo luego de jubilarse.

“Pero soy el único en la ciudad de Nueva York que es un apicultor de tiempo completo, todos los demás hacen esto a tiempo parcial o como un pasatiempo. Quizás todos los demás sean lo suficientemente inteligentes como para hacer algo más”, bromeó.

No es una vida sencilla, se levanta en general a las 5 de la mañana, y algunas veces antes. El último sábado se levantó a las 4 de la mañana para conducir desde su departamento en la parte baja al este de Manhattan a la región del este del estado de Nueva York donde pasó a recoger una colmena de un apicultor que ya no tenía más recursos como para cuidar de ésta.

Luego manejó de vuelta hasta Chelsea justo a tiempo para su reunión de las 7 de la mañana con sus estudiantes de apicultura. 

Coté cuida 48 colmenas a lo largo de la ciudad de Nueva York, en el Bronx, Brooklyn, Queens y Manhattan, así como de Long Island y Connecticut.

Fundó la asociación de Apicultores de Nueva York (NYCBA, por sus siglas en inglés) en 2008. Jugó un rol decisivo en la legalización de la apicultura en esta ciudad en 2010, que había sido ilegal desde 1999.

NYCBA es una organización sin fines de lucro que apunta a crear un medio para compartir el conocimiento de apicultura. La apicultura era ilegal en la ciudad de Nueva York debido a los estragos que causaron anteriormente los apicultores urbanos inexpertos.

Entonces, ¿por qué el crecimiento de la apicultura urbana? Algunos se unieron porque las áreas urbanas no han experimentado el trastorno del colapso de colonias (CCD, por sus siglas en inglés). Otros se ocupan de la apicultura para conectarse con la naturaleza de una forma significativa pero que requiere menos responsabilidad que pasear diariamente a un perro, según Coté.

El CCD es un fenómeno en el que grandes cantidades de abejas alrededor del mundo están desapareciendo de sus colmenas. Ha estado ocurriendo a gran escala desde comienzos del 2000, de acuerdo con el documental de la BBC, “¿Quién mató a la abeja melífera?”

Hay muchas teorías que intentan explicar por qué las abejas están desapareciendo y quizás la más extensamente aceptada es que las abejas son incapaces de resistir la combinación de diversos pesticidas en las áreas agrícolas.

Las abejas están en peligro de extinción y si se llegan a extinguir, esto representa el fin de la línea de polinización para muchos cultivos.

A pesar de que la ciudad de Nueva York puede tener una gran cantidad de otros productos químicos dañinos, el medio ambiente tiene significativamente menos pesticidas flotando en el aire.

Desde que la apicultura se volvió legal, Coté ha estado trabajando para educar a los individuos y empresas de la ciudad que quieren empezar a mantener una colmena.

Cuida de las colmenas en las azoteas de lugares inesperados, tales como Brooks Brothers y el Waldorf Astoria de Park Avenue. “Mi oficina está en la azotea de diferentes edificios de la ciudad de Nueva York”, dijo Coté.

Humildad

Coté tiene dos maestrías, una en la enseñanza del inglés como segunda lengua (ESL, por sus siglas en inglés) y otra en español. También ha sido profesor del Fullbright. 

El programa Fullbright es una beca altamente competitiva, basada en el mérito, para intercambio internacional de estudiantes y profesores.

Es uno de los más prestigiosos programas de becas; cuarenta y tres becarios Fullbright han ganado premios Nobel. Su beca Fullbright lo ha llevado a enseñar en Moldavia y en Europa del este.

Sin embargo, a pesar de su vasta gama de conocimientos y experiencias, él permanece humilde.

“He estado en más de 100 países pero no creo que eso me dé una visión especial de nada, simplemente significa que hice las mismas cosas que los otros pero con un telón diferente", señaló.

La Gran Época se publica en 35 países y en 21 idiomas.
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