Isaac Albéniz, de los salones españoles a los auditorios del mundo entero | lagranepoca.com

Isaac Albéniz, de los salones españoles a los auditorios del mundo entero

Músico precoz y niño prodigio, ofreció su primer recital de piano a los cuatro años
Por Diana Orduña Lloret - La Gran Época
Mar, 4 Sep 2012 17:02 +0000
Isaac Albéniz. (Wikimedia Commons)
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Músico intuitivo y versátil

Nacido en Camprodón (Cataluña) en 1860, es uno de los máximos representantes del nacionalismo musical español. Su estilo vital y exuberante, a la vez que lírico y elegante lo han convertido en un emblema ampliamente reconocido. En cualquier auditorio del mundo la interpretación de su música consigue emocionar. Albéniz daba conciertos siempre que tenía ocasión.

Durante su infancia, con el fin de recibir educación musical, cambió de residencia en numerosas ocasiones, viajando continuamente a ciudades como Madrid, Bruselas o París. Además, durante su juventud, viajó por América y Europa como virtuoso, cautivando al público con su carácter rebelde y vida aventurera. Aunque los estudiosos lo ponen en duda, Albéniz afirmaba haber recibido clases del gran virtuoso pianista, Franz Liszt.

En 1883 empezó a recibir clases de composición del maestro Felipe Pedrell, gran músico y compositor catalán que le inculcó el interés por la música popular española y por la creación a partir de ella de un estilo nacional, tal como en el nacionalismo musical ruso lo habían hecho Glinka y “El grupo de los cinco”, o Smetana en el checoslovaco.

Hasta entonces, su actividad creativa se había enfocado en la composición de obras intimistas y románticas muy accesibles al “público de salón”. Estas -obras sencillas conceptual y técnicamente hablando–, denotan el carácter espontáneo e intuitivo del artista, capaz de captar la demanda de lo popular, sobre lo que el mismo maestro Pedrell afirmó: “Albéniz siente la música por la telepatía del teclado del piano”.

Del romanticismo al nacionalismo musical español

En su segunda etapa, empieza a utilizar elementos musicales del folclore español, en especial del andaluz con influencias alhambristas, incorporando ritmos de danzas populares o rasgos del cante jondo, así como el uso de escalas modales que aportan el necesario exotismo a sus obras. Compone, entre otras, dos grandes obras: Cantos de España y Suite española.

El legado andaluz, expresado originalmente a través de la guitarra flamenca, es traducido por Albéniz a las posibilidades expresivas del piano, instrumento para el que compone principalmente.

Un dato curioso al respecto es el fenómeno de las transcripciones para guitarra que posteriormente se hicieron para que la obra de Albéniz retomase sus canales expresivos “genuinos”. Otro rasgo peculiar de este artista es que compuso ópera y zarzuela, de hecho parece ser que la obra más querida por el compositor fue la ópera Pepita Jiménez.

Su última ópera, Merlín, se estrenó en el Teatro Real de Madrid en el año 2003, un siglo después de su creación. La apertura del compositor hacia el andalucismo y más adelante hacia las sonoridades y recursos compositivos de Claude Debussy y las músicas europeas no consiguieron hacerle olvidar sus raíces. Albéniz conservaba su identidad, era un “catalán universal”, y no se privaba de utilizar melodías populares catalanas en su obra.

Su estilo se sitúa en el horizonte estético del Modernismo, buscando impulsar la música española más allá de los clichés románticos del Siglo XIX.

Iberia y la sublimación de su estilo compositivo

En lo que se denomina su tercera etapa, Albéniz plasma en su producción musical las influencias recibidas en sus viajes a París y los consecuentes lazos personales y artísticos que allí estableció con personajes del panorama francés, encontrando una especial inspiración en el genial compositor Debussy.

También confluye en la capital francesa con otros músicos españoles de la talla de Joaquín Turina y Manuel de Falla. Sus obras lograron por aquel entonces ser más ricas, profundas y serias, conservando no obstante la frescura del estilo eminentemente español; fue en esa etapa cuando escribió su obra maestra, Iberia.

Es en ésta, donde Albéniz hace un fascinante recorrido por distintos rincones de España, evocando su carácter e idiosincrasia. Se trata de cuatro cuadernos con tres piezas cada uno, siendo una obra de magnífica belleza que goza de la admiración de todo amante de la música.

Albéniz es un músico cuya trayectoria vital es una gran fuente de inspiración porque aúna el espíritu aventurero y jovial con el refinamiento de la forma, el carácter popular y cercano con un estilo propio y distinguido. Gracias a este artista la música española logra elevarse a categoría universal.

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