Tenor tibetano revela su profundo e incondicional amor por una misión divina | lagranepoca.com

Tenor tibetano revela su profundo e incondicional amor por una misión divina

Una entrevista con el tenor de Shen Yun, Yuan Qu, ganador de premios en Florencia y Barcelona, cantó con Pavaroti y fue elogiado por Caros Bergonzi
Por Pamela Tsai - La Gran Época
Dom, 25 Dec 2011 18:06 +0000
Yuan Qu ganó la medalla de oro de la Competencia Vocal China Internacional de New Tang Dynasty TV. (Dai Bing/The Epoch Times)

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Nueva York – El tenor Yuan Qu, de la internacionalmente reconocida Shen Yun Performing Arts, por su extraordinaria voz, fue elogiado por el tenor de ópera italiano Carlos Bergonzi. “Te elevarás", le dijo a Yuan Qu cuando lo escuchó cantar.

Bergonzi selecciona lo mejor de lo mejor en cantantes que viajan de todas partes del mundo a Italia para tener su prestigiosa clase maestra que brinda en Milán, y Yuan Qu ha sido el único estudiante asiático en su clase.

Su talento le permitió tener dos lecciones de voz con el legendario Luciano Pavarotti. Otros prominentes cantantes de ópera, con los cuales Yuan Qu ha estudiado en Europa, incluyen a María Soler y Eduardo Gimenez, en el conservatorio de estudios avanzados en música del Liceo de Barcelona, e Isabel Penago en Madrid.

Oriundo de Tíbet, Yan Qu creció en los elevados Himalayas para volar alto. Está dotado con una gran voz caracterizada con un exquisito tono, lucido dictado y un talento natural para el estilo latino.

Ha obtenido honores en prestigiosas competiciones internacionales de canto en Barcelona y en Florencia, y ha ganado la medalla de oro en la última de ellas. Yuan Qu  ha actuado en muchas de las más grandes óperas en Europa y ha actuado en muchos festivales musicales de alto perfil.

En 2008, llegó hasta las audiciones finales del show televisivo británico “El Factor X”, que busca talentos y derrotó a 7.000 competidores cantando la canción de ópera italiana “O Sole Mio”.

En 2009, ganó la deseada medalla de oro en la competición vocal masculina internacional china de New Tang Dynasty TV.

Yuan Qu habla y canta en tibetano (khamdo), chino (mandarín), italiano (lo aprendió cuando estudió con Carlo Bergonzi), español (vivió allí por 8 años), e inglés (vivió en el condado de Cheshire con su esposa Paula Wilson, antes de unirse a Shen Yun en Nueva York). También canta en francés y alemán.

A pesar de su talento, a Yuan Qu le tomó más de dos décadas para encontrar el lugar preciso. De hecho, su experiencia de vida es tan dramática como las óperas italianas que ama cantar.

El nombre tibetano de Yuan Qu es Tashi Dorje que significa “ Vajra prometedor” o “guardián de Buda”. Pero al haber nacido durante la revolución cultural y viviendo bajo el gobierno del partido comunista por 31 años, su vida fue de todo menos prometedora.

De Tíbet a Beijing

En 1975, cuando Yuan Qu tenía 9 años, fue tomado con otros 500 niños tibetanos por los oficiales comunistas chinos en el Tíbet y enviado a Beijing para recibir una sistemática “re-educación”.

Parte de las tácticas empleadas por los comunistas chinos para destruir la cultura tibetana, era imponer la “re-educación” a los tibetanos desde la edad de 8 años. Beijing quería privar a los niños tibetanos de su identidad nativa y moldearlos para la red de guardias comunistas chinos.

Durante la revolución cultural (1966-1977), los comunistas chinos prohibieron todas las actividades religiosas en Tíbet, arrasaron con los templos y monasterios, quemaron las escrituras y objetos budistas tibetanos y torturaron, mataron y metieron en prisión a muchos monjes y monjas.

Sabiendo que los padres de Yuan Qu no permitirían que su único hijo fuera llevado a Beijing para que le lavaran el cerebro, los comunistas chinos les dijeron a sus padres: “llevamos a tu hijo a Lhasa para que vea a los lamas y Budas vivientes y reciba una buena educación allí. Después de que complete su educación, lo devolveremos de vuelta a casa”.

En la cultura tradicional tibetana, el hijo único, especialmente si es varón, no se supone que abandone a sus padres para viajar lejos. El niño necesita permanecer en casa para atender a sus padres. Es su deber filial.

Sus padres, piadosos budistas tibetanos, accedieron. Aunque era muy difícil separarse de su hijo, querían que Yuan Qu tuviera una mejor oportunidad de ver ese lugar sagrado –un destino para una peregrinación sagrada.

“No me permitieron cartas o telecomunicación con mis padres durante esos días cuando fui a Beijing. Fue muy severo para un niño de 9 años ser completamente separado de sus padres y su cultura nativa, llevado en tren y buses por decenas de miles de millas, lejos de sus amadas raíces tibetanas", declaró.

El joven Yuan Qu fue enviado a la escuela en Beijin y vivió con una familia anfitriona arreglada por los comunistas chinos. “No se nos permitía hablar en tibetano. Nos dijeron que nos olvidáramos de nuestra cultura. Nos dijeron que nuestra religión y cultura eran supersticiosas e inútiles”.

“Como muchos oriundos tibetanos, amamos el canto y el baile. Quería estudiar canto y baile, pero ellos dijeron que no”. En vez de esto, ellos arreglaron entrenamiento médico para Yuan Qu.

Un día, casualmente, Yuan Qu escuchó una cinta de casete de Pavarotti, una cosa rara en Beijing durante la revolución cultural. Etiquetada como de “mala influencia del capitalismo occidental”, la cinta era parte de la colección privada de un profesor que fue perseguido durante el “movimiento anti derechista” de Mao.

El sonido de Pavarotti en “O Sole Mio” penetró en el niño de 9 años como un rayo y encendió el reprimido amor por la música. “Inmediatamente fui tomado por esto. Se volvió la influencia más grande en mi vida", declaró Yuan Qu. Qu recuerda, que en el momento en que la música llegó a sus oídos se dijo a sí mismo “ésta es la forma en que la música debe sonar, así es como quiero cantar por el resto de mi vida”.

Durante sus años en la escuela de medicina, repetidamente apeló a las autoridades comunistas chinas para que cambiaran su estudio hacia la música. Los líderes se irritaron por el pedido del joven y lo castigaron por desafiar el destino arreglado por el partido. Yuan Qu fue enviado a diferentes escuelas de medicina por otros 3 años y después de la graduación fue enviado a un distrito rural en el Tíbet para que practicara.

Irrumpiendo en un nuevo mundo 

La canción “O Sole Mio” nunca paró de escucharse en la mente de Qu. Para evitar el castigo de los comunistas chinos, les pidió ayuda a sus pacientes en vez de hacer apelaciones directas a las autoridades chinas.

“Quiero cantar, ¿conoces a alguien que quiera tomarme como su cantante?”  le preguntaba a sus pacientes de forma privada en su clínica. Su habilidad para tratar a los pacientes le ganó no solo gran respeto, sino empatía. Con la ayuda de algunos pacientes, Yuan Qu finalmente pudo abandonar su trabajo como doctor y desarrollar su amor por la música.

Fue a una audición del grupo de arte Chamdo al este de Tíbet y fue adimitido. Más tarde, fue aceptado por el conservatorio chino de música donde estudió ópera por 5 años. Siguió estudiando un grado de maestría en canto en el Beijing Vocal Music Research Institute. Después de la graduación, se convirtió en un solista de tiempo completo con la Orquesta Nacional China, un instituto chino de música folclórica manejado por el Estado.

Incluso teniendo una carrera como cantante en la China comunista, esto no colmaba su amor por la música. A 6 años con la orquesta nacional China, Yuan Que estaba frustrado, quería cantar ópera, pero el partido no aprobó esa forma de arte.

“Eres tibetano, deberías cantar canciones del folklore tibetano. ¡Para de perder el tiempo con el bel canto y la ópera italiana!” decían los comunistas chinos. Ellos estaban (y están) en completo control de todas las organizaciones de arte y cultura en China.

Según Yuan Qu, la actuación de artes en China no es más que herramientas de propaganda del régimen comunista chino. Los artistas que no se adaptan a los pedidos de éste no tienen futuro, ni medios para vivir allí. Yuan Qu se rebeló: “Cantaré bel canto y ópera aún si tengo que morirme de hambre”.

Mientras estaba frustrado y reprimido, Yuan Qu continuó buscando oportunidades para satisfacer su amor por el bel canto. Con la ayuda de un amigo tibetano en el Reino Unido, Akong Tulku Rinpoche, quien había volado a India después de las secuelas de la supresión comunista china en 1959 por el levantamiento tibetano, Yuan Qu salió de China en 1997 para participar en la XXXIV Competencia de Canto Internacional Francisco Viñas en Barcelona, España.

Su excelente tono, su hermosa voz y cálido fraseo asombraron al jurado. Después de la competencia y de la recomendación del jurado, fue inmediatamente admitido en el Conservatori Superior Liceu donde tuvo la oportunidad de estudiar con algunos de los tenores mas renombrados en Europa.

Desde 2003 en adelante, actuó frecuentemente en el Arena Di Verona en Italia, uno de los más renombrados auditorios romanos antiguos en Piazaa Bra para actuaciones de ópera a gran escala. Este lugar tiene capacidad para 15.000 espectadores e hizo que Yuan Qu se sintiera como en casa. "Cantar allí es como cantar en la vasta inmensidad de la meseta tibetana en los himalayas", declaró. Profundamente conectado con su Tíbet natal, Yuan Qu saborea todo lo que le evoque los recuerdos de su patria.

Alma compasiva

 La esposa de Yuan Qu, Paula Wilson, describe a Yuan Qu como una persona compasiva: “Cuidó a mi abuela todo el tiempo que pudo antes de salir de gira con Shen Yun, y fue una bendición para nuestra familia. Los occidentales nunca harían algo así, es por esto que mi madre nunca olvidará este gran acto de bondad”, declaró.

“Mi abuela verdaderamente lo adoró y esto hizo una diferencia en sus últimos años. Murió muy tranquila mientras dormía a la edad de 101 años, mientras él estaba de gira por primera vez con Shen Yun en 2008, y pusimos una grabación de su voz en el funeral de ella”.

Es en el occidente en donde Yuan Qu puede libremente satisfacer su amor por la música y por sus afectos. En su Tíbet natal, no pudo ni siquiera ver a su madre morir. El régimen comunista chino le impidió viajar a China para ver a su madre mientras estaba enferma, y atender su funeral después. No pudo asistir a su funeral, según Yuan Qu, porque el régimen estaba preocupado por mantener la armonía y la estabilidad, en el año de los juegos olímpicos de Beijing.

Fue muy doloroso para Yuan Qu no poder estar en el funeral. En la cultura tibetana, los hijos necesitan estar al lado de sus padres al momento de su muerte para encender la lámpara de aceite tibetana, la cual rinde honor a los padres fallecidos.

Yuan Qu anhela cumplir su esperanza de Shen Zhou –Tierra de la divinidad-, un nombre tradicional para China ya que espera que Shen Yun reviva los 5000 años de civilización inspirada en lo divino, que se restaure la eterna belleza de las virtudes y la moral, las cuales han sido despiadadamente destruidas en la China comunista.

Yuan Qu cree que Shen Yun es el mejor lugar para él y su voz. “En este lugar, nadie se preocupa de validarse a sí mismo o acerca de su fama personal o las ganancias. Todos están de todo corazón devotos a dar lo mejor a la audiencia”.

Yuan Qu comentó que “lo mejor” que la audiencia experimenta, está más allá de lo que las palabras pueden describir. “No importa dónde o cuándo, hay gente que llega a llorar al ver a Shen Yun".

“Es la explosión de júbilo en su forma más pura. Es el cálido sentimiento de la iluminación, el despertar de nuestro verdadero ser que habíamos olvidado en el frío solitario por tanto tiempo. “Ser parte de Shen Yun es una gran bendición para mi”, declaró.

Yuan Qu es optimista en pensar que, en un futuro no muy distante, viajará con Shen Yun a China, y cantará en tibetano satisfaciendo su más profundo amor por su cultura y su gente.

Para más información acerca de Shen Yun Performing Arts, por favor visite www.shenyunperformingarts.org

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